jueves, 10 de octubre de 2013

Cuarto capítulo de 'Perdida'.

¡Feliz Jueves!
Ya estamos a un día del fin de semana, es decir, en mi caso de más tiempo libre para leer.
La semana pasada compartimos con vosotros el tercer capítulo de perdida, en el que podíamos presenciar la primera escena más subidita de tono. ¡Era corta y encima un sueño! Pero no desesperéis, que el libro tiene muchas y más apasionadas escenas.
¡Hemos leído vuestros comentarios y estamos muy felices de que os guste!
Aquí os dejamos una canción preciosa y muy romántica, ''Sparks Flys'' de Taylor Swift. Esta canción nos ha inspirado mucho y es realmente una balada de amor.




Y.... el cuarto capítulo!!! 





Le dio tres opciones:
La besaba,
Lo besaba
O se besaban.





4


El sábado amanece soleado en Nueva York y eso me encanta. Mi ánimo está por las nubes.
Me levanto y desayuno, Betta aún está dormida. ¿Qué hora es? Miro el móvil, las 8:00 en punto, que madrugadora. ¿Serán nervios? No me extrañaría, porque quiero ver a Alexander. Me ha afectado.

-¡Buenos días! – dice Betta casi cantando, está más alegre que de costumbre.

Le respondo igualmente con una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Me vas a decir quién es el afortunado que te va a acompañar esta noche? – pregunta levantando las cejas, expectante.

-Creo que lo conoces, pero ya verás luego – le guiño un ojo y me mira ceñuda.

Se da por vencida o eso creo, aunque me conoce y sabe que no me va a sonsacar nada.
Una vez desayunamos, decimos ir a un salón de belleza y hacernos la cera, en fin, arreglarnos un poco. Hace tiempo que no me regalo un capricho así.
Para comer decidimos ir a un restaurante mexicano, ¡me encanta la comida mexicana!
No paramos de sonreír, juntas nos lo pasamos muy bien.
Cuando llegamos a casa, decido ir a la ducha, pero antes llamo a David para concretarle la hora a la que debe pasar  a recogerme.
Hemos quedado a las nueve y son las seis y media, tengo que arreglarme ya.
Me ducho y me voy al vestidor.
Decido que quiero estar rompedora, como diría Betta. Me pongo unas medias de liga, muy sexis y un conjunto negro de encaje precioso y algo atrevido. Me enfundo un vestido color vino tinto, corto y de tirantes con un maravilloso  escote en la espalda en forma de pico, mis zapatos, un capricho muy caro, mis Jimmy Choo negros comprados con mi primer sueldo, a conjunto con un bolso de mano imitando la piel de serpiente a la perfección con cadenas en dorado.
Me recojo el pelo en una cola llena de tirabuzones, me maquillo de una forma sencilla y natural, un poco de base, raya, rímel y mi pintalabios rojo que no falte.
Salgo al salón y me quedo petrificada cuando veo a Betta, con un vestido verde lima hasta el suelo de estilo griego, impresionante. Lleva el pelo liso con un pequeño pasador que le da un toque muy dulce.

-¡Estas rompedora Blake! – me dice mirándome con una expresión de incredulidad.

-Pues tú no te quedas atrás – le digo riéndome.

Me acuerdo de que me he dejado el móvil en mi cuarto y voy a por él.
Tocan al timbre y oigo que entra más de una persona.

-Hola, me he encontrado con David en la puerta. Es la pareja de Blake – dice Alexander.

 Ya no me acordaba de esa voz tan excitante.

-Hola, Betta – dice David.

Ella me llama:

-¡Blake ya están aquí, sal!

Voy a toda prisa y me paro en seco al ver a los dos hombres más impresionantes que he visto nunca.
Ambos de traje negro sin corbata, Alexander con camisa blanca y David de azul claro.
Noto que me miran de arriba abajo y me sonrojo, que vergüenza.

-Hola – me saludan ambos.

-Estás increíble, Blake – me dice David mientras se acerca a mí.

Sin apartar la mirada de Alexander, que noto como me recorre el cuerpo sin miramientos.
De repente Betta suelta un chillido de emoción y nos encaminamos hacia la puerta.
En la calle nos espera un Aston Martin propiedad de Alexander y nos conduce hasta un increíble restaurante en pleno Manhattan. Es italiano y ya tenemos mesa reservada para cuatro, gracias al señor Kors.
El lugar es moderno de colores fríos, azules agua y plateados. El ambiente es acogedor y sofisticado.
Mientras nos conducen a nuestra mesa, Betta me dice al oído:

-Esta es una de las muchas propiedades de Alexander.

Como no, pienso ¿y que no tiene este hombre?
Nos acomodan en uno de los reservados, mesas más elevadas a las del resto.
La cena está transcurriendo de forma agradable y aunque mi pareja es David, yo no puedo dejar de mirar a Alexander. Me dirige miradas cortas y siempre me pilla cuando lo miro.

-Disculpadme, tengo que ir al baño- iré a retocarme el maquillaje y a despejarme un poco.

-Te acompaño- dice Betta.

Nos levantamos, pero termino en el baño yo sola, porque ella se ha encontrado a un conocido.
Me pinto los labios de nuevo y me aprieto la coleta.
Estoy saliendo del baño cuando de repente alguien me coge por la espalda.
Todo sucede muy rápido. En menos de un segundo estoy contra la pared y con Alexander frente a mí con una mano a cada lado de mi cuerpo, aprisionándome.
Mi respiración es irregular.
Me observa con sus profundos ojos. Abre su maravillosa boca y hace ademan de acercarla a la mía, yo giro la cabeza y el coge mi mandíbula con sus largos dedos.

-Sé que lo estas deseando- su voz es firme, pero yo juraría que su respiración no lo es tanto.

- No estés tan seguro. Yo nunca haría algo así a Betta- y sin pensarlo dos veces, paso por debajo de sus brazos.

No sé qué hacer, soy un flan, estoy nerviosa e intento aclarar que si lo que ha pasado ha sido cierto o yo me lo he imaginado.
Decido no comentarle nada a Betta, será lo mejor.
Cuando llego a la mesa están todos.
Durante el resto de la noche, Alexander no vuelve a mirarme. En mi interior siento una punzada de decepción.
Al llegar a casa, David me invita a tomar algo a su apartamento.
La estancia es moderna y se nota que vive solo.
Me invita a sentarme.

-¿Qué te gustaría tomar?

 Su sonrisa es dulce y muy encantadora.
Aunque sin quererlo mis pensamientos van hacia otra dirección, reviviendo el aliento de Alexander sobre mi cuello.

-Vino blanco, si tienes.

-Claro, buena elección – saca una botella del moderno frigorífico y sirve dos copas.

Viene hasta el sillón y me acerca una. Se sienta muy cerca de mí y posa su mano sobre mi rodilla. Su tacto es suave y no me disgusta.

-¿Qué tal tu vida en Nueva York? ¿Echas de menos a tu familia? – me pregunta.

-Bueno, por ahora me encanta. De mi familia mejor no hablar.

-¿Por qué? – parece interesado y me mira con los ojos muy abiertos.

- Era adoptada, peros son demasiados problemas que no quiero desenterrar – miro a mis manos nerviosa.

Estoy bastante incómoda.

-Todos tenemos un pasado, venga, confía en mí – me mira con una media sonrisa.

Pero yo estoy dispuesta a no seguir con esa conversación.
Como no quiero ser grosera, le intento  sacar otro tema:

-Em… y tu… esto – joder, no sé qué decirle. Parece que se apiada de mí y habla.

-¿Tienes novio? – sonríe.

Niego con la cabeza y sin dejarme hablar se abalanza contra mi boca.
Por un momento pienso en pararlo, pero lo sigo y nuestras lenguas comienzan a unirse, no me desagrada.
Posa sus manos en mis hombros y baja por mi espalda, me tumba en el sillón.
Quiero abrir la boca para decirle que no siga, pero él me calla con la suya, me besa desesperadamente y muy brusco. Sus manos antes delicadas por mi espalda ahora buscan aceleradamente. la cremallera y yo lo separo.
Él me mira confundido.

-Lo siento, pero esto va muy rápido – digo.

Al principio parece enfadado, pero me mira y esboza una media sonrisa.

-No importa – resopla y se aparta de mí.

Le digo que es tarde y me voy a casa.

---                                     ---                                     ---

El lunes por la mañana estoy contenta.
Elijo ropa atrevida y salgo a las calurosas calles de Nueva York.
El domingo hablé con David y todo está bien entre nosotros. Incluso puede que me apunte con él al gimnasio.
Entro en mi despacho e instintivamente lo primero que hago es mirar al edificio de en frente. Estoy alucinada, aunque el motivo no es tan grandioso, es si no que le señor Kors ha retirado las cortinas y se encuentra trabajando en su gran mesa de cristal mientras habla por teléfono aflojándose la corbata.
Nuestras miradas se cruzan y por primera vez, él me sonríe. Su sonrisa es torcida y un poco tímida.
Yo le correspondo y me siento en mi mesa. Me doy la vuelta y me sorprendo al ver que continúa mirando.
Me sonrío a mí misma, este hombre puede conmigo.
Recibo un mensaje de David a media mañana, le respondo y le pregunto si irá al gimnasio. Me siento con energía para empezar hoy.
Quedamos en vernos a las 7 en un gimnasio cerca del centro. El gimnasio es antiguo pero muy bien equipado.
La tarde transcurre rápida y llena de ejercicio.
Llego a casa exhausta. Ha estado bien pasar un rato con David.
Se me cae la cara al suelo cundo estoy sacando los llaves y me dispongo a abrir la puerta, me abre Alexander.
Mi expresión debe ser todo un poema, no sé cómo reaccionar.

-Hola, Blake ¿pasas?

Me saluda con una sonrisa que haría que se derritiese el mismísimo polo norte.

-Hola – digo.

Paso a toda prisa, vaya pintas.

-Estaba con Betta pero ha salido a hacer unos recados, me ha pedido que la espere – dice con expresión seria pero un poco divertida, diría yo.

Me quedo mirándolo como una tonta.

-Claro, espero que no tarde mucho. Yo voy a ducharme y cambiarme, en seguida salgo – me voy a toda prisa a mi habitación. Siento como me sigue.

-Espera, Blake – grita a mis espaldas.

Me quedo justo en frente de la puerta de mi cuarto, me vuelvo y digo:

-Dime – espero expectante.

Se coloca delante de mí y con una mano que yo miro de soslayo, abre la puerta y me invita a pasar.

-¿Estas saliendo con David? – me pregunta directamente, serio.

No sé que responder a eso ¿A qué viene?

-No, no se le puede llamar salir, somos amigos.

-Con derecho a algo más…- dice de repente.

Eso me molesta.

-Pues sí – miento enfadada - ¿te molesta?

Noto como no aparta la mirada de mis labios. Estoy absorta.
Se acerca lentamente y voy retrocediendo hasta que me topo con la cama y caigo de espaldas sobre ella.
Él se va arrastrando por encima de mí, hasta que lo tengo a pocos centímetros de mi boca.
Pega su boca a mi oído y dice muy despacio, con una voz mezcla de rabia y erotismo:

-Pues sí, claro que me molesta ¿no te has dado cuenta?

No es una pregunta, es una afirmación.
Sin  esperarlo, apoya su boca en la mía, saca su suave lengua y la pasa por mis labios. Justo cuando va a besarme oímos que abren la puerta.


2 comentarios:

  1. No puede ser de verdad tengo q esperar otra semana? M vais a matar. Quiero leer mas por favor

    ResponderEliminar
  2. Por favor consideren mi propuesta. ¿Por qué no publican la novela dos días a la semana? Los jueves y los sábados, de esta forma nosotras no morimos por saber que va a pasar en situaciones como esta. Por favor

    ResponderEliminar