jueves, 24 de octubre de 2013

Sexto Capítulo de ''Perdida''.

¡Buenas Tardes!

Tarde de jueves, tarde de 'Perdida'.
Ya sabemos y hemos leído que el capítulo cinco es dejó descolocadas y con muchas ganas de más. La semana se ha hecho larga y cansada, pero se acabó la espera, porque aquí os traemos el sexto capítulo plagado de acción y algún que otro problema.
Además nos da mucha alegría informaros que el pasado martes 21, finalizamos el segundo libro. Estamos muy felices de compartir con vosotros esta noticia y mucho mas felices por saber que lo que empezó con una palabras se está convirtiendo en una historia que cada día nos emociona más escribir.
Hoy solo os pedimos un favor y es que compartáis este blog con toda la gente que podáis.
¡Muchos besos!

Canción de hoy: Coldplay  - Paradise 






La vida sigue, se pone difícil.
La rueda destroza a la mariposa.

Coldplay - Paradise



6


Betta no me abraza, se ha quedado paralizada con cara de incredulidad.

-Abrázame, por favor – digo con voz aguda en un susurro.

Ella reacciona y lo hace, me acaricia el pelo e intenta relajarme un poco hasta que nos quedamos dormidas.

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Me despierto temblando y voy al baño, me miro en el espejo y no puedo ni verme la cara, me doy asco.
Una lágrima cae por mi mejilla.
Empiezo a quitarme la ropa de deporte y veo que en las muñecas tengo las marcas de sus dedos, siento un dolor punzante en el estómago, me duele todo.
Cuando estoy desnuda me meto en la ducha mientras las lágrimas se apoderan de mí. Me enjabono muy rápido y fuerte para intentar liberarme de las marcas que me ha dejado, pero no salen y no sé si algún día lo harán.
Noto que se desquebraja la caja de recuerdos que tenía escondida en lo más remoto de mi cabeza y entonces comienzo a llorar de una forma desesperada, jadeando, golpeando la pared. Betta aparece y me rodea con una toalla, me abraza y me lleva a la cama.

-Por favor no permitas que lo vuelva a hacer, por favor… - le digo llorando.

-Shh, tranquila, ese va a pagar por lo que ha hecho – me dice dándome un gran beso en la frente.

Me ayuda a ponerme el pijama y después nos volvemos a dormir.



A la mañana siguiente no salgo de la cama y Betta aparece en la puerta con una bandeja de comida.

-Venga Blake, cariño come algo – se sienta en la cama y deja la bandeja en la mesita.

-No me apetece, no me entra nada – le respondo mirando a la nada.

 No soy una de esas personas débiles, pero en este momento estoy totalmente invulnerable.
Ella no insiste.

-He llamado al trabajo, les he dicho que estabas enferma.

Asiento, me da un beso y se va.
Estoy tirada en la cama, mirando al techo cuando me llaman al móvil.
No reconozco el número.

-¿Diga? – respondo con una voz débil.

-¿Te encuentras bien? – no me lo puedo creer ¡Es Alexander!

-Hola, Alexander – estoy confusa.

-¿Por qué no has venido a trabajar?

-Estoy enferma – contesto rápidamente, a ver si deja de preguntar.

-Vaya, mejórate, esta tarde iré a verte – y cuelga.

Me quedo con cara de póker, no puedo con este hombre, pero ha sido el único que me ha sacado una sonrisa de esto.
Betta se va a trabajar, lo hace preocupada, pero ese día tiene compromisos muy importantes así que a duras penas la obligo a que vaya. A la hora de comer me llama para asegurarse de que estoy bien. Ella no podrá volver hasta por la noche.
Por la tarde estoy un poco mejor, dentro de lo que cabe, cojo un libro y me pongo a leer en la cama.
Me tumbo, estoy en pijama, más cómoda que nunca.
Cuando estoy totalmente metida en la historia dejo el libro y voy al baño. Al salir veo la ventana de mi habitación abierta, si mal lo recuerdo yo la dejé cerrada.
Me acerco y miro fuera, hace mucho calor en la calle. La cierro y de repente escucho una voz a mis espaldas, David…

-Blake, he estado esperando a que me llamaras – esboza una sonrisa que me deja helada.

Debe haber entrado por la escalera de incendios.
Busco mi móvil con la mirada, pero él lo tiene en la mano.

-¿Buscas esto? – lo tira al suelo y le pega una patada.

No sé qué hacer, estoy paralizada. Pero no me da tiempo a reaccionar cuando él se acerca a mí y me tira a la cama con fuerza.

-Te he echado de menos – ríe.

Quiero decirle que me deje, que pare, algo. Intento sacar la voz de mi garganta. No sale.
Lo tengo encima, me toca y un grito sofocado sale de mi boca. Por fin reacciono, grito y pataleo. Me sujeta para que pare.
Las lágrimas fluyen por mi rostro. Grito más fuerte, me tapa la boca y me guiña un ojo.
Comienza a darme besos en el cuello y yo le muerdo la mano, él la aparta, grita dolorido y me da una bofetada. Que dolor, la mejilla me arde.
Escucho un ruido muy fuerte y en dos segundos se abre la puerta de golpe.
Aparece Alexander, mi salvación.
En su rostro observo que está muy enfadado.
Llega hasta nosotros y tira de David. Me lo quita de encima y cae al suelo.
Yo me arrincono en la cama y me toco la mejilla dolorida, lloro sin parar.
Alexander le pega, suelta golpes duros y muy precisos, pero David también es muy fuerte y pronto comienza a defenderse, le rompe la camisa azul a Alexander y yo no me puedo quedar quieta. Me levanto y me acerco a los dos, me tambaleo y cuando Alexander está de espaldas a mi pegándole puñetazos a David en la cara, me da un codazo. Yo caigo hacia atrás y me doy con la mesita en la cabeza. Me levanto desorientada.
En ese mismo momento, Alexander le pega tan fuerte a David que lo envía al pasillo.
Los pierdo de vista, no me puedo levantar, me duele la cabeza.
Creo que pasan 10 minutos, pero estoy demasiado aturdida, me tumbo en el suelo.
Aparece Alexander en la puerta, se acerca corriendo a mí. Tiene sangre en el labio.
Me coge con mucho cuidado y me sube a la cama.

-¿Qué ha pasado Blake? – su voz suena muy preocupada.

 Yo no puedo contestar, los ojos se me cierran solos.

-Te he dado…– su cara ahora es todo un poema.

Yo asiento débilmente, quiero decirle que no pasa nada, pero de repente me desplomo.
Me adentro en un profundo sueño.

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Me despierto con un pitido insoportable.
Me duele muchísimo la cabeza. Abro los ojos muy despacio. La luz es tenue, pero me cuesta abrirlos, me llevo la mano a la frente, pero no puedo levantarla, siento unos cables en el antebrazo.
Finalmente los consigo abrir. Cuando lo hago, Betta se acerca a mí y me coge de la mano.

-¿Blake? Dios mío, estás bien – comienza a llorar de alegría.

 Me abraza muy suavemente, no tengo fuerzas para corresponderle.

-¿Qué ha pasado? – mi voz es muy débil.

-Te diste un golpe en la cabeza, Alexander me llamó, me contó lo que pasó, ohhh siento mucho haberte dejado sola  - llora de nuevo.

-¿Dónde está Alexander?

-Ha ido a por un café, volverá en seguida. Está muy preocupado, dice que te dio él con el codo.

Ahora lo recuerdo todo.

-Sí, yo me acerque mientras le pegaba a….- me entra el  pánico.

 Respiro costosamente. Betta se da cuenta y me dice apresuradamente:

-Tranquila, está en la cárcel, no te preocupes, ahora descansa.

Asiento pero me maldigo por haberlo hecho, que dolor.
Se abre la puerta, justo en el momento en que llaman a Betta por teléfono, esta sale y entra Alexander. Tiene la camisa de la pelea y le han puesto puntos en el labio.
Se acerca a mí y se sienta en la silla de al lado. Se inclina un poco y me da un leve beso en la mano. Me mira a los ojos y habla:

-Lo siento tanto, Blake – mira hacia abajo.

Cojo su mandíbula y hago que levante la cabeza.

-De eso nada, tú me has salvado. Gracias – sonrío, pero su expresión es dura, me apresuro a seguir hablando – esto fue culpa mía, yo quise interponerme entre los dos.

-Pero yo debería haberme dado cuenta, así… así esto no habría pasado…- se levanta y se pasa los dedos por el pelo, frustrado.

 Betta entra en la habitación.

-El médico me ha dicho que solo es una contusión leve, que mañana a primera hora podrás volver a casa.

Sonrío como puedo y ella vuelve a salir de la habitación.
Alexander se acerca a mí, me da un beso en la frente y susurra:

-Lo siento.


Antes de que pueda decir nada, abre la puerta y desaparece.


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