¡¡FELIZ JUEVES!!
!Hola a tod@s! Otra semana más aquí, compartiendo nuestras palabras con todos vosotros.
Ayer leí una frase preciosa que decía: ''Los libros son puertas que te llevan a la calle. Con ellos aprendes, te educas, viajas, sueñas, imaginas, vives otras vidas y multiplicas la tuya por mil''.
Con esto y sin demorar más la espera, os dejo una canción mágica ''Don't Know Why'' de Norah Jones, que descubrimos gracias a la trilogía ''Pídeme Lo Que Quieras'', y también os dejo el séptimo capítulo de ''Perdida''.
Entonces se
ignoran mientras sus sombras se miran.
7
La semana pasa lenta y
pesada, estoy totalmente recuperada.
No he sabido nada de
Alexander, aunque el miércoles creo que estuvo en casa, escuché una voz en el
salón, aunque no me levanté de la cama.
Cuando llego el jueves al
trabajo, abro la puerta y me encuentro con una rosa roja encima de mi
escritorio, me acerco y debajo hay una nota:
‘’Blake, no me cansaré de
pedirte disculpas. Me alegro de que estés bien. Alexander Kors’’ Justo debajo
hay una dirección y una hora.
--- --- ---
No sé que ponerme, no
tengo ni idea de dónde vamos.
Abro las puertas del
vestidor y entro.
Al principio no sabía si
acudir, pero tengo que hacerlo, lo necesito.
Me decanto por una falda
de flores, un top rosa palo y unas sandalias. Espero haber elegido
correctamente.
Le he dicho a Betta que he
quedado con una compañera, me ha costado que se lo trague, piensa que debo
reposar más, pero ya lo he hecho toda la semana.
Cuando llego a la calle de
la nota, me encuentro con la mejor y más sexy imagen que he visto en mi vida:
Alexander apoyado en su Aston Martin.
Viste una camiseta blanca
y unos vaqueros. Me alegra haber escogido esta ropa.
Me ve y esboza una sonrisa
de oreja a oreja, yo no puedo ocultar mi rubor.
-Hola ¿Cómo estás? – me
posa un suave beso en la mejilla.
Me fijo en la herida de su
labio.
-Hola, muy bien. Y antes
de que saques el tema, fue sin querer – enfatizo cada palabra y abro bien los
ojos.
El sonríe y me roza la
mejilla con sus dedos, me corta la respiración. Por su rostro se que está pensando
en lo que sucedió.
Cojo su muñeca, está
vendada.
-¿Tú cómo estás? – lo miro
directamente a los ojos.
-Perfectamente. Perdona,
te habría recogido en tu casa, pero no te gustaría que Betta sospechara.
Pienso en lo que estoy
haciendo, pero no es tan malo, creo. Solo somos amigos…
Me conduce hasta el
asiento del copiloto y me abre la puerta. Se sienta al volante mientras yo
siento que me va a dar un infarto. Me lo poseía ahí mismo.
Me mira intentando
descifrar mi expresión.
-¿Pasa algo? – me mira
preocupado.
-Oh nada, tranquilo – tengo
que recordarme respirar cuando estoy con él.
Conduciendo está
increíblemente irresistible.
Pone la radio y comienza a
sonar ‘Marchin On’ de One Republic.
Cruzamos miradas y me
sonríe. Estoy nerviosa. Hablando nos damos cuenta de que tenemos en común
gustos musicales.
Me lleva fuera de la
ciudad, pregunto pero no me dice donde vamos.
Llegamos a nuestro
destino, es un bloque de pisos enorme.
Nos bajamos del coche y
nos dirigimos a la entrada, Alexander apoya su mano en mi espalda y me conduce
hasta el ascensor. No hablamos durante el trayecto, él está serio, yo quiero
romper el hielo, pero seguro que si abro la boca digo algo inadecuado.
El ascensor nos lleva
hasta la última planta.
Alexander abre una puerta
enorme, de color platino antiguo. Grandiosa y preciosa.
Entramos a un enorme salón
en tonos fríos, parecidos a su despacho, blancos, negros pero con tonos rojos.
-Bienvenida a mi casa – me
dice mientras sonríe un poco.
Al fondo de la habitación hay
cristaleras de techo a suelo, se ve toda la bahía y una panorámica increíble de
la ciudad.
Nos sentamos en el sofá de
piel negro, en frente de una chimenea de acero ultra moderna.
-¿Te apetece una copa de
vino? – me pilla desprevenida.
-Sí, claro, vino estaría
bien – le respondo con una sonrisa.
¿Por qué me comporto así? Yo no soy tan
tímida.
Se levanta y al rato
vuelve con dos copas de vino tinto, me tiende una y lo pruebo. Está buenísimo,
tiene un toque afrutado.
Me vuelve a preguntar que
si estoy bien, le respondo de buena gana, pero no me apetece hablar de ese
asunto, ni de David…
De repente me acuerdo de
algo que hacía tiempo quería preguntarle.
-Oye, ¿Cómo era eso de que
eres mi jefe? – deja la copa en la mesa y me mira de soslayo.
-¿No te lo dijo Betta? –
me responde con otra pregunta.
-No, no me lo dijo, ¿Quién
eres Alexander Kors? – vaya pregunta de película que le acabo de soltar.
Lo miro sin pestañear,
esperando a que diga algo.
-Bueno, digamos que…esto…-
está nervioso, no lo había visto así.
Por lo que he podido
observar en este tiempo el no es así, siempre parece tener el control de las
situaciones.
-…llegué a un pequeño
acuerdo con ella – termina la frase.
Para quitarle tensión al
momento digo:
-¿Te acostaste con ella? –
me río con una risa pícara, pero él está quieto como una piedra.
¿Cómo se me ocurre decirle algo así? ¿Cómo no
se me ha pasado por la cabeza? ¡Es Betta!
Siento una sensación muy
extraña en el pecho y suelto la copa sobre la mesa por miedo a que se me caiga.
-Lo siento Blake, yo creía
que ella te lo había contado – se ve arrepentido, pero yo estoy muy enfadada.
-¿Y por qué? Eres el dueño
de la empresa, ¿no? – mi tono de voz se eleva, lo miro fríamente directamente a
los ojos, sin rodeos.
-Sí, bueno, mi padre tiene
varias empresas – me aguanta la mirada – pero no solo trabajas en VOGUE por
eso, eres buena en lo que haces.
-Ya no se qué creer – me
levanto rápidamente, pero me mareo un poco y me tambaleo.
Él me sujeta antes de que caiga.
-¿Estás bien?
Asiento y lo aparto de mí.
-Gracias por todo – digo
mientras cojo mi bolso.
Me dirijo a la puerta,
pero él me alcanza y me agarra por el codo dándome la vuelta.
-Entiendo que quieras
irte, pero déjame que te lleve a casa, por favor.
-No, gracias. Se
apañármelas sola – abro la puerta y me voy, mi orgullo puede conmigo, pero me
da igual.
Cuando llego a casa Betta
está viendo la televisión pero yo me dirijo a mi habitación sin ni siquiera
mirarla, mi enfado es tal.
Decido olvidarme de todo y
dormir.
--- --- ---
Es la hora de salir de la
cama, tengo que ir al trabajo o mejor dicho, ex trabajo a por mis cosas, pero
para mi sorpresa cuando abro los ojos me encuentro con un enorme ramo de
peonías rosas sobre la mesa que tengo junto a la ventana. Adoro las peonías.
Me acerco rápido, no puedo
ocultar mi emoción.
Hay una pequeña nota en la
que pone: ‘’Solo una oportunidad
A.Kors’’.
Salgo de la habitación con
la nota en la mano y al llegar a la cocina la arrugo y la tiro a la basura.
No veo a Betta por ningún
lado.
Decido desayunar y cuando
lo estoy haciendo ella entra pegando un gran golpe en la puerta y viene directa
hacía mí.
-Blake, ¿estuviste ayer
con Alexander? – pregunta con la rabia impresa en los ojos.
No tengo ganas de
discutir, pero tampoco le quiero mentir, estoy muy enfadada con ambos, pero aún
más con ella.
-Sí, estuve con él. Pero
fue un error – le contesto sin levantar la vista de mi desayuno.
-¿Por qué Blake? ¿Por qué fuiste con él? – dice alterada.
-Betta, tú no puedes
recriminarme nada, ¿por qué no me dijiste que él era mi jefe? Y lo peor de todo
¿Cómo conseguiste mi puesto? – está vez le clavo la mirada, subo el tono de mi
voz y me levanto.
Su expresión cambia.
-Lo siento – dice – no
sabía que fuera tan importante para ti saber cómo lo conseguí…
-Claro que es importante.
Yo quería que fuese por mis méritos y sí, con tu ayuda, pero no así – el final
lo digo gritando.
Ella me mira sin saber que
decir, de repente viene hasta mí y me abraza, me deja pasmada.
-Lo siento, Blake. No
debería de haber sido así, es solo que me ha molestado que te veas con él sin
decirme nada – me aparta y me mira a los ojos – no lo tenía que haber ocultado,
eres mi amiga y te quiero, pero quiero que sepas que Alexander es especial,
aunque no sé si él siente lo mismo por mí.
Vaya, no sabía los
sentimientos tan profundos de Betta hacia Alexander. Me da pena, pero el
problema es que a mí también me gusta él.
Vamos juntas al trabajo,
le digo que estoy dispuesta a dejarlo, aunque me duela mucho. No hablamos de
Alexander.
Cuando entro en mi
despacho mi tensión se dispara.
Alexander está mirando por
mí ventana, de brazos cruzados. Lleva un traje negro y se ve guapísimo, como
siempre.
-¿Qué haces aquí? – digo
bruscamente.
No debo verlo, pero no
puedo evitar sentirme feliz porque este allí, esperándome.
-No te vayas – no me mira,
sigue de pie con su mirada fija.
-No voy a quedarme. Quiero
conseguir un trabajo de una forma honrada y no por cómo lo tengo ahora.
Se da la vuelta y viene
directo a mí. Entre los dos no hay ni medio metro de distancia. Observo que ya
tiene e labio bien y lo único que me apetece es mordérselo y besarlo.
Se acerca un poco más y mi
respiración vuelve a ser entrecortada. No apartamos la mirada el uno del otro.
Digo con un temblor en la voz:
-No voy a quedarme.
Voy a darme la vuelta
cuando me agarra y posa sus labios en los míos. Su beso es suave y se vuelve
cada vez más intenso, nuestras lenguas se juntan, me acerca más a él, con una
mano me sujeta la nuca y yo le comienzo a recorrer la espalda con mis manos y a
enredar mis dedos en su cabello.
Llevaba mucho tiempo
deseando hacer esto y es más impresionante de lo que imaginada. Sus labios
ejercen una presión sobre los míos que hace que quiera más y más.
Después del mejor beso que
me han dado nunca, separamos nuestras bocas a regañadientes para coger aire.
Sus brazos me sujetan con
fuerza y me encanta su contacto.
Nuestros ojos se cruzan y
nos miramos. Estamos un tiempo muy intenso sin apartar las miradas.
Al cabo de un rato, el
rompe el silencio.
-¿Qué decides? – me dice,
buscando una respuesta en mis ojos y decido serle sincera.
-No sé, estoy totalmente
perdida con esto, Betta…- suspiro- pero después de esto- digo mirando sus manos
que rodean mi cintura – creo que no voy a poder irme – sentencio.
En su mirada veo
comprensión, pero tiene una sonrisilla de suficiencia, está contento y me lo
demuestra.
Se acerca aún más y posa
sus labios en mi boca, sin besarme murmura:
-Me alegro.
Yo me retiro y lo examino
más a distancia.
-Pero yo no soy capaz de
engañar a Betta.
Me vuelve a acercar a él,
pero esta vez me da la vuelta y miramos hacia el ventanal, con su cuerpo sobre
mi cuerpo. Empieza a recorrer con su lengua mi cuello mientras me sube la blusa
blanca hasta el ombligo y me acaricia el vientre. Me da besos en la mandíbula y
al llegar a mi oído me muerde el lóbulo derecho y murmura en un suspiro:
-No tiene porque saberlo,
nos gustamos y punto.
Betta es mi mejor amiga, no puedo, ella siente
algo por él.
Lo aparto de un empujón y
lo miro molesta.
-Lo siento, creo que no
puedo. Es mejor que te vayas, no es bueno que te vean aquí.
Me mira y se apoya en la
puerta con los brazos cruzados esbozando una sonrisa de medio lado. Tiene un
brillo en sus ojos negros que no había visto antes.
-Lo harás, porque no
puedes evitarlo – sentencia.
Abre la puerta y se va.
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