jueves, 3 de octubre de 2013

Tercer Capítulo de: ''Perdida''

¡HOLA!
Estábamos deseando que llegara este día para poder compartir con vosotros otro capítulo.
Nos encantan vuestros comentarios y críticas, así que seguid con ellos. Cada opinión cuenta y las tenemos todas presentes.
También nos alegra informaros de que estamos escribiendo la segunda parte y que va viento en popa, con más ilusión que nunca.
Muchas gracias por leernos y poco a poco esperamos que este pequeño proyecto de nuestro libro salga adelante y algún día pueda ser conocido :)


Síguenos en Twitter: @librosperdida
               Instagram:  perdidaenloslibros

            



Despertó pensando en él y siguió soñando despierta.



3


Estoy saliendo de la ducha y tocan al timbre.
Betta no está, así que cojo una toalla, me la coloco alrededor y me dispongo a abrir.
Seguramente es ella, porque que yo sepa es la única aparte de yo que tiene acceso.
Excepto…
¡Dios mío! Abro la puerta y me encuentro a Alexander Kors vestido con ropa de deporte y sudoroso, frente a una yo cubierta solo por una toalla y todo el pelo mojado cayendo sobre mis hombros.
No decimos nada, él se acerca rápidamente y me agarra por la cintura. En una abrir y cerrar de ojos me besa apasionadamente.
Sus labios son sutiles y calientes. Él es caliente.
Yo me dejo llevar y olvidándome de la toalla, alzo las manos a su pelo oscuro.
Sus manos también se mueven, me recorren el pelo mojado y ahora que no hay toalla, también el cuerpo. Son rápidas pero muy cautelosas.
Me levanta en volandas moviéndose hasta el salón donde caemos sobre el sofá, el sobre mí, trasmitiendo todo su calor.
Nuestros ojos se encuentran. Sus profundos y oscuros ojos me observan como si no hubiese nada más, haciéndome sentir pequeña.
Continúa besándome, los labios, el cuello y sigue su recorrido hasta abajo, donde se encuentra con mi pecho, lo muerde, lo chupa, los estimula y siento mi cuerpo entregándose a la pasión que el suyo irradia.
Atiende mi otro pecho y sus besos bajan hasta mi vientre, más abajo, más abajo…dirigiéndose a mi punto débil cuando…


¡No soporto el maldito despertador!
Me quito la sábana de encima, pero cuando recuerdo mi sueño me vuelvo a tapar, abochornada.
Yo nunca había soñado algo así.
Salgo de la cama a regañadientes y me voy al baño, quiero echarme agua por la cara o a lo mejor meterla en el lavabo.
Cojo el cepillo de dientes y mientras me cepillo, pienso mirándome al espejo e intentando olvidar mi fantasía de la noche.

Entro en VOGUE, ya un poco más tranquila.
Subo al ascensor y saludo a un par de personas que reconozco. Estoy a punto de entrar en mi despacho cuando me viene a la cabeza mi sueño. De repente mi temperatura corporal se eleva.
Me tranquilizo a mí misma diciéndome en voz baja:
-Solo ha sido un sueño, un sueño…
La luz a estas horas es preciosa y la ciudad se ve totalmente increíble.
Me quedo observando el paisaje, pero mis ojos revolotean hasta el edificio de en frente y ahí está él.
Me noto más acalorada que antes y agacho la mirada, mirando una carpeta que tengo sobre las manos, ni me percato de que esta está del revés. Vuelvo a levantar la vista, no tengo por qué avergonzarme.
Alexander acaba de salir de una habitación que se encuentra en su enorme despacho. Al verme su expresión cambia y yo instintivamente me doy la vuelta y respiro hondo. Cuando vuelvo a girarme, él ya no está, en su lugar observo una gran cortina de un gris oscuro que tapa toda la extensión de su despacho.
Me siento mal conmigo misma, por mi sueño, por mirar tanto…
Cojo el té de mi bolso, tomo un sorbo y me dispongo a comenzar con mi primer encargo como la nueva editora de VOGUE.
El resto de la mañana pasa rápido. Me encanta mi trabajo, debo volver a agradecerle a mi amiga el puesto otra vez.
En mi pequeño descanso por la tarde la llamo, ya que no está en su despacho.

-¡Hola editora! ¿Qué tal vas? – suena alegre, como siempre. Hace que me suba el ánimo.

-Hola, ¡pues fantástico! Gracias otra vez ¿y tú?  ¿Dónde estás?

-Pues haciendo unos últimos encargos para el número de Agosto – Betta es la directora creativa – Oye, tengo una oferta para ti.

-¿De qué se trata? – viniendo de ella espero que sea algo divertido.

-Pues es una cena. Con Alexander…- deja la frase en el aire.

-Díme ¿A dónde quieres llegar? – no me gusta el giro que ha dado la conversación.

-A ver, sería una cita de parejas, tú, yo… Alexander y… te buscaré a alguien, ¡tranquila! Solo quiero que conozcas a Alexander y él a ti, es tan agradable… - suspira.

-¿Es obligatorio? – la verdad es que por qué no, me apetece deleitarme con el hombre-adonis.

-Rotundamente sí.

-Bueno, si insistes… pero yo llevo a mi pareja.

-¿Y eso? ¿Conoces a alguien? – su tono de voz pasa a ser interesado.

-Un poco, sí. Debo volver al trabajo, hablamos luego y me cuentas. Un beso.

-¡Chao!

En cuanto cuelgo, pienso en mi pareja, se lo diré al vecino, el muchacho tan guapo, David Millers.



Salgo de la oficina directa a casa. No me paro con nadie, tengo prisa.
Llego un poco agotada, he subido por las escaleras y el calor es insoportable y pegajoso.
Una vez en la puerta del apartamento de David, me paro y pienso en que decirle, ¿y si no puede? O peor ¿y si no quiere?
He hablado un par de veces más con él. Espero que le apetezca.
Suspiro y decido tocar al timbre y que pase lo que tenga que pasar. Responde una voz muy marcada desde el interior, muy masculina, es David.
Abre y me quedo embobada.
Solo lleva puesto un pantalón del pijama color negro un poco por debajo de las caderas. Se le marca la v de los músculos, madre mía, que torso.
Me mira y sonríe, debo haber sido un poco descarada.

-Hola, David – digo un poco con la respiración agitada.

-Hola, Blake – me responde - ¿quieres pasar?

-No, gracias. Solo quiero hacerte una pregunta rápida, para este sábado por la noche…

-Sí, tú dirás – sonríe.

-¿Te apetecería venir a cenar con mi compañera de piso, es decir, Betta y… un amigo suyo? – no quiero decir novio, no quiero que piense que es en plan cita.

Me quedo observando y noto como me mira a los ojos sin bajar la mirada y al rato responde:

-Claro que voy, ¿paso a recogerte? – me dice con una risilla pícara y mirando la puerta de mi apartamento.

---                                     ---                                     ---

La semana pasa rápido y ajetreada.
No he vuelto a ver a Alexander en la ventana de su despacho, aunque con esas cortinas ¿qué voy a ver? Creo que estoy un poco triste por eso, pero no debería, es el chico de mi mejor amiga.
A David me lo he encontrado por las escaleras casi todos los días, me he dicho que nada de ascensor, es un tercero, no es tanto.
Él es muy simpático y hace mucho deporte.
Me ha dejado caer en varias ocasiones que vaya con él al gimnasio e igual lo hago, llevo bastante tiempo queriendo ponerme en forma.

Siempre que lo veo me alegro el día, transmite esa felicidad. 


1 comentario:

  1. Por favor esto de tener que esperar al siguiente jueves me mata, seria genial poder leerlo entero.
    Cada vez me gusta mas

    ResponderEliminar