domingo, 24 de noviembre de 2013

Libro de la semana: ''Sorprendeme''.

¡Buenas Tardes!

Hoy os traemos un libro muy especial: ''Sorprendeme'' de Megan Maxwell.
Cuenta la historia de Björn, el amigo de Eric Zimmerman y Juduth Flores, ¿los recordáis? Si no es así debéis leer la fantástica trilogía ''Pídeme lo que quieras''.
Björn es un abogado soltero que disfruta de la vida y las relaciones sexuales sin compromiso y Melanie es una piloto militar estadounidense con una hija pequeña. Se conocen a través de los amigos que tienen en común, pero ni Mel ni Björn se llevan bien. Todo cambiará cuando se encuentren en un bar de intercambios y la chispa salte entre los dos, haciéndoles ver que lo que no querían tener es lo que en realidad necesitan, el uno al otro.

Este libro posee el estilo espontáneo y realista tan característico de Megan Maxwell, quien con sus historias nos transporta a otro lugar y nos deja soñar. El mundo de los lugares de intercambios de parejas y el sexo en grupo es un tema no muy solicitado hoy en día para las parejas más tradicionales y puede que no muy atrayente, pero gracias a estos libros se hace mucho más atractivo e interesante.
La relación será apasionante y morbosa con escenas que no pasarán desapercibidas como por ejemplo que tal ¿fresas, chocolate y Björn?
Te enamorarás de Björn y desearas que nunca acabe el libro.



jueves, 21 de noviembre de 2013

Noticias.

¡¡Hola!!

¿Cómo estáis? Espero que muy bien.
Este jueves es muy diferente de los demás, debido a que hoy no habrá nuevo capítulo de ''Perdida''. 
Puede que esteis pensando en millones de razones, pero la verdad es que hemos pensado mucho en enviar el libro a una editorial y finalmente lo hemos decidido.
Debido a esta decisión, tenemos que aplazar la publicación de más capítulos y centrarnos en corregir cosas y hacer todo lo posible para hacerlo llegar a las editoriales y que estas se interesen.
Os mantendremos informados de cada paso, vosotros sois los que nos habéis dado los ánimos para dar este paso, vuestro entusiasmo lo es todo.
Seguiremos por aquí con más libros, noticias, reseñas, etc y todo lo relacionado con los libros érotico-románticos.

lunes, 18 de noviembre de 2013

2.Nueve Primeros Capítulos de ''Perdida''

 El resto de los capítulos de la publicación anterior :)


5


Ante el ruido, lo aparto bruscamente de mí y cae en la cama.
Me pongo de pie lo más rápido que puedo y tiro de él para que se levante.

-Sh, levanta – digo en voz baja.

Lo hace y se recompone.
Lleva una camisa negra de algodón y unos vaqueros oscuros.
Se pasa la mano por el pelo, lo que le da un aire más sexy si es posible.
Salgo corriendo al salón y veo a Betta entrando con bolsas a la cocina.

-Hola, ¿ya estás aquí? – Dice - ¿y Alexander?

Antes de que pueda contestar, él está a mi lado y lo hace por mí:

-Disculpa, estaba en el baño.

Lo miro, pero él no me corresponde. Empiezo a pensar que este hombre es imposible de entender. Me muerdo el labio, cada vez me gusta más.
Betta comienza a meter las cosas que ha comprado en el frigorífico.
Me doy la vuelta y decido darme la ducha que tanto necesito.
Alexander me coge del brazo mientras mi amiga no mira. Su tacto es suave y caliente. ¡Madre mía! Lo que yo le haría a este hombre…

-Si estoy con ella, es para acercarme a ti - Me dice al oído.

Sacudo el brazo y sin decir nada voy directa a mi habitación y echo el cerrojo.
Vaya cosas raras. Primero ni me mira, pone cortinas en sus despacho y ahora, intenta besarme y acercase a mí. Aunque me guste la idea no puedo hacerlo, por Betta.



No he pegado ojo en toda la noche, solo dándole vueltas al tema de Alexander, me desconcierta por completo. ¿Se lo debería decir a Betta? Desecho la idea.
Me levanto y voy al baño. No puedo imaginar lo que habrá visto un hombre como el Señor Kors en mí, no soy nada del otro mundo, ni si quiera me considero muy atractiva.
De repente mi móvil suena y me saca de mis pensamientos, es David.

-Hola, guapa – dice con voz acaramelada.

 Yo resoplo y contesto:

-Hola David – no es la primera vez que me llama desde el gimnasio.

-¿Te apetece ir a almorzar conmigo? – me pregunta.

-Claro  - respondo.

-Genial, paso a recogerte a las doce y media.

-Vale, hasta luego – quiero colgar ya, no me apetece hablar con él.

-Vale, un beso.

La mañana en la oficina pasa rápido y no tengo noticias de Alexander, aunque tampoco es que deba tenerlas.
Pronto llega la hora de comer y David no aparece todavía.
Tocan a la puerta.
                       
-Adelante –digo.

Entra Alexander. Me levanto de un golpe de la silla.

-Hola, Blake – dice, cerrando la puerta y acercándose  a mí mesa.

-Hola, ¿Qué quieres? – Digo – si buscas a Betta esta no es su planta, aunque eso ya lo sabes ¿no?

Quiero intentar hacer que se vaya, no quiero que lo vean aquí.

-No venía a buscarla a ella, sino a ti – me dice levantando una ceja.

¡Oh señor! Es perfecto, ese traje azul marino, la camisa remangada hasta el codo y la corbata un poco aflojada, me mata.
Se nota que lleva días sin afeitarse y sus ojos oscuros están ojerosos, pero le dan un toque misterioso. Me quedo boquiabierta.

-¿A si? Pues yo voy a salir –digo.

Él le da la vuelta al escritorio y se acerca a mí. Se sienta en la mesa con los brazos cruzados a la altura de sus pectorales y mirando por la ventana, dice:

-¿Querrías ir a comer conmigo?

No me lo puedo creer, él, el hombre perfecto quiere que coma con él.
De repente me viene Betta a la mente y le respondo:

-¿Y Betta?

Me mira serio.

-Ella no tiene por que saberlo – tiene la mirada ahora cargada de deseo.

¡No, eso no! Está loco si piensa que voy a ir.

-Lo siento, pero he quedado con David – digo mientras me levanto.

Se planta frente a mí, tengo que subir la cabeza para mirarlo a los ojos, es muy alto, uno noventa a ojo.

-David ¿tu amigo? – dice con ironía.

-Sí, mi amigo – nos quedamos mirándonos y retándonos con la mirada. Marrón contra negro.

Se abre la puerta y aparece David.

-¿Blake?

Me pongo nerviosa.

-Hola David – salgo a su encuentro sin quitarle los ojos de encima a Alexander que lo saluda de una forma seria.

-Buenas, Kors – David parece molesto - ¿Qué hacíais?

¿Qué le contesto? Comienzo a titubear.

-Nada, soy su jefe, es trabajo. Pasadlo bien.

Me quedo congelada ¿jefe?  Tengo que hablarlo con Betta.

-Hasta pronto Blake – se despide mientras sale por la puerta.

David me agarra y me dice:

-¿Nos vamos? – últimamente se acerca demasiado a mí.

Asiento y nos marchamos. Vamos a comer a una pizzería cercana.
Él no me quita las manos de encima, incluso las entrelaza por encima de la mesa. No es que yo no sea cariñosa, pero es que no veo el motivo.

-¿Qué se supone que hacia el señor Kors en tu despacho?

Levanta una ceja mientras se mete un trozo de pizza en la boca, me da la impresión de que le ha molestado bastante.

-Ya te lo dije antes, era por trabajo-. Le respondo enfadada y tomo un sorbo de mi soda para relajarme.

Me mira intensamente y su respuesta me deja atónita.

-Pues no me gustaría verlo más revoloteando cerca de ti.

-Es mi jefe, va a tener que estar cerca de mi- lo miro y vuelvo a hablar- así que no mal interpretes las cosas.

No me gusta nada como se está empezando a comportar, parece un novio celoso.
               
-Bueno, yo solo lo digo, simplemente no me gusta la forma en la que te mira...- frunce el ceño.

Creo que va a decir algo más pero aparece el camarero y ya no volvemos a hablar más del tema durante la comida.
Sé que Betta no sabe nada de lo de Alexander, le conté que David es muy buen amigo y ella se alegra por mí.
Vuelvo al trabajo, me desconecta de todo, pero esa tarde David esta pesadito con los mensajes.
La semana pasa rápido, David cada vez está más pesado, se que busca algo más.
Vamos dando un paseo hasta casa y cuando llegamos al rellano, David dice:

-¿Te apetece tomar un refresco en mi piso?

-Claro- Respondo.

Así tendré la oportunidad de explicarle lo que está pasando entre nosotros.nos sentamos en el sofá y me da una coca-cola, le doy un sorbo, estoy ansiosa por decirle que creo que es mejor que seamos amigos.

-Esto, David, creo que vamos demasiado rápido-respiro hondo y continuo- esta semana ha sido un poco estresante para mí...- Dejo la frase en el aire.

-¿Qué?, no sabes lo que dices Blake, estamos perfectamente-frunce el ceño.

 Es guapísimo no lo niego, pero aunque lo sé yo sigo pensando que como Alexander no hay nadie.
Me agarra por la nuca bruscamente y me besa. Intento apartarme pero él me tiene bien sujeta. Le muerdo el labio desesperada para que me suelte, pero él le da otro significado y continúa con más desesperación. Consigo despegar un poco los labios.

-No, David, por favor-. Lo empujo pero es como una roca.

Acabamos en el suelo y me aprisiona con sus brazos, me hace daño.

-¡Para por favor!-.me calla con sus labios y con una sola mano atrapa mis muñecas.

Me está forzando y yo solo quiero gritar.
No sé como lo hace, pero se apaña con una sola mano e introduce su verga en mí. Yo grito, grito sin parar. No paro de forcejear, de intentar apartarlo. Él continua hasta el final y cuando acaba me mira a los ojos.
Yo lloro de impotencia, a él no parece importarle. Me da un beso en la mejilla y me dice:

-Te quiero.

Por fin me suelta, se levanta y se dirige a la habitación sin mirar atrás.
Me quedo en el suelo, llorosa y confusa. A duras penas consigo levantarme y las piernas me tiemblan, me duele todo.
Corro hacia mi apartamento y llego en menos de diez segundos.
Betta está en la cocina, no sé si esta sola.
Llego a mi habitación, cierro la puerta de un portazo y me tumbo en la cama boca abajo. No dejo de llorar y sollozar.
Betta entra corriendo y me abraza por la espalda, me pregunta:

-¿Qué te ocurre, Blake? ¿Ha pasado algo con David?- al oír su nombre lloro aun mas.

Me aferro a la cama con las uñas, no puedo pensar, no quiero pensar, solo quiero dormir y olvidarme de todo.

-Blake, por favor dime algo.

-No puedo, es David...David- no puedo decirlo, me vuelven las lágrimas.

-Blake, ¿David qué?

Me vuelvo y me la encuentro con el ceño fruncido y cara de preocupación.

-David...me...me...ha violado – digo con un grito sordo y dando golpes en la cama, aunque paro en seguida porque me duele todo.
  
 6


Betta no me abraza, se ha quedado paralizada con cara de incredulidad.

-Abrázame, por favor – digo con voz aguda en un susurro.

Ella reacciona y lo hace, me acaricia el pelo e intenta relajarme un poco hasta que nos quedamos dormidas.

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Me despierto temblando y voy al baño, me miro en el espejo y no puedo ni verme la cara, me doy asco.
Una lágrima cae por mi mejilla.
Empiezo a quitarme la ropa de deporte y veo que en las muñecas tengo las marcas de sus dedos, siento un dolor punzante en el estómago, me duele todo.
Cuando estoy desnuda me meto en la ducha mientras las lágrimas se apoderan de mí. Me enjabono muy rápido y fuerte para intentar liberarme de las marcas que me ha dejado, pero no salen y no sé si algún día lo harán.
Noto que se desquebraja la caja de recuerdos que tenía escondida en lo más remoto de mi cabeza y entonces comienzo a llorar de una forma desesperada, jadeando, golpeando la pared. Betta aparece y me rodea con una toalla, me abraza y me lleva a la cama.

-Por favor no permitas que lo vuelva a hacer, por favor… - le digo llorando.

-Shh, tranquila, ese va a pagar por lo que ha hecho – me dice dándome un gran beso en la frente.

Me ayuda a ponerme el pijama y después nos volvemos a dormir.



A la mañana siguiente no salgo de la cama y Betta aparece en la puerta con una bandeja de comida.

-Venga Blake, cariño come algo – se sienta en la cama y deja la bandeja en la mesita.

-No me apetece, no me entra nada – le respondo mirando a la nada.

 No soy una de esas personas débiles, pero en este momento estoy totalmente invulnerable.
Ella no insiste.

-He llamado al trabajo, les he dicho que estabas enferma.

Asiento, me da un beso y se va.
Estoy tirada en la cama, mirando al techo cuando me llaman al móvil.
No reconozco el número.

-¿Diga? – respondo con una voz débil.

-¿Te encuentras bien? – no me lo puedo creer ¡Es Alexander!

-Hola, Alexander – estoy confusa.

-¿Por qué no has venido a trabajar?

-Estoy enferma – contesto rápidamente, a ver si deja de preguntar.

-Vaya, mejórate, esta tarde iré a verte – y cuelga.

Me quedo con cara de póker, no puedo con este hombre, pero ha sido el único que me ha sacado una sonrisa de esto.
Betta se va a trabajar, lo hace preocupada, pero ese día tiene compromisos muy importantes así que a duras penas la obligo a que vaya. A la hora de comer me llama para asegurarse de que estoy bien. Ella no podrá volver hasta por la noche.
Por la tarde estoy un poco mejor, dentro de lo que cabe, cojo un libro y me pongo a leer en la cama.
Me tumbo, estoy en pijama, más cómoda que nunca.
Cuando estoy totalmente metida en la historia dejo el libro y voy al baño. Al salir veo la ventana de mi habitación abierta, si mal lo recuerdo yo la dejé cerrada.
Me acerco y miro fuera, hace mucho calor en la calle. La cierro y de repente escucho una voz a mis espaldas, David…

-Blake, he estado esperando a que me llamaras – esboza una sonrisa que me deja helada.

Debe haber entrado por la escalera de incendios.
Busco mi móvil con la mirada, pero él lo tiene en la mano.

-¿Buscas esto? – lo tira al suelo y le pega una patada.

No sé qué hacer, estoy paralizada. Pero no me da tiempo a reaccionar cuando él se acerca a mí y me tira a la cama con fuerza.

-Te he echado de menos – ríe.

Quiero decirle que me deje, que pare, algo. Intento sacar la voz de mi garganta. No sale.
Lo tengo encima, me toca y un grito sofocado sale de mi boca. Por fin reacciono, grito y pataleo. Me sujeta para que pare.
Las lágrimas fluyen por mi rostro. Grito más fuerte, me tapa la boca y me guiña un ojo.
Comienza a darme besos en el cuello y yo le muerdo la mano, él la aparta, grita dolorido y me da una bofetada. Que dolor, la mejilla me arde.
Escucho un ruido muy fuerte y en dos segundos se abre la puerta de golpe.
Aparece Alexander, mi salvación.
En su rostro observo que está muy enfadado.
Llega hasta nosotros y tira de David. Me lo quita de encima y cae al suelo.
Yo me arrincono en la cama y me toco la mejilla dolorida, lloro sin parar.
Alexander le pega, suelta golpes duros y muy precisos, pero David también es muy fuerte y pronto comienza a defenderse, le rompe la camisa azul a Alexander y yo no me puedo quedar quieta. Me levanto y me acerco a los dos, me tambaleo y cuando Alexander está de espaldas a mi pegándole puñetazos a David en la cara, me da un codazo. Yo caigo hacia atrás y me doy con la mesita en la cabeza. Me levanto desorientada.
En ese mismo momento, Alexander le pega tan fuerte a David que lo envía al pasillo.
Los pierdo de vista, no me puedo levantar, me duele la cabeza.
Creo que pasan 10 minutos, pero estoy demasiado aturdida, me tumbo en el suelo.
Aparece Alexander en la puerta, se acerca corriendo a mí. Tiene sangre en el labio.
Me coge con mucho cuidado y me sube a la cama.

-¿Qué ha pasado Blake? – su voz suena muy preocupada.

 Yo no puedo contestar, los ojos se me cierran solos.

-Te he dado…– su cara ahora es todo un poema.

Yo asiento débilmente, quiero decirle que no pasa nada, pero de repente me desplomo.
Me adentro en un profundo sueño.

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Me despierto con un pitido insoportable.
Me duele muchísimo la cabeza. Abro los ojos muy despacio. La luz es tenue, pero me cuesta abrirlos, me llevo la mano a la frente, pero no puedo levantarla, siento unos cables en el antebrazo.
Finalmente los consigo abrir. Cuando lo hago, Betta se acerca a mí y me coge de la mano.

-¿Blake? Dios mío, estás bien – comienza a llorar de alegría.

 Me abraza muy suavemente, no tengo fuerzas para corresponderle.

-¿Qué ha pasado? – mi voz es muy débil.

-Te diste un golpe en la cabeza, Alexander me llamó, me contó lo que pasó, ohhh siento mucho haberte dejado sola  - llora de nuevo.

-¿Dónde está Alexander?

-Ha ido a por un café, volverá en seguida. Está muy preocupado, dice que te dio él con el codo.

Ahora lo recuerdo todo.

-Sí, yo me acerque mientras le pegaba a….- me entra el  pánico.

 Respiro costosamente. Betta se da cuenta y me dice apresuradamente:

-Tranquila, está en la cárcel, no te preocupes, ahora descansa.

Asiento pero me maldigo por haberlo hecho, que dolor.
Se abre la puerta, justo en el momento en que llaman a Betta por teléfono, esta sale y entra Alexander. Tiene la camisa de la pelea y le han puesto puntos en el labio.
Se acerca a mí y se sienta en la silla de al lado. Se inclina un poco y me da un leve beso en la mano. Me mira a los ojos y habla:

-Lo siento tanto, Blake – mira hacia abajo.

Cojo su mandíbula y hago que levante la cabeza.

-De eso nada, tú me has salvado. Gracias – sonrío, pero su expresión es dura, me apresuro a seguir hablando – esto fue culpa mía, yo quise interponerme entre los dos.

-Pero yo debería haberme dado cuenta, así… así esto no habría pasado…- se levanta y se pasa los dedos por el pelo, frustrado.

 Betta entra en la habitación.

-El médico me ha dicho que solo es una contusión leve, que mañana a primera hora podrás volver a casa.

Sonrío como puedo y ella vuelve a salir de la habitación.
Alexander se acerca a mí, me da un beso en la frente y susurra:

-Lo siento.

Antes de que pueda decir nada, abre la puerta y desaparece.



7


La semana pasa lenta y pesada, estoy totalmente recuperada.
No he sabido nada de Alexander, aunque el miércoles creo que estuvo en casa, escuché una voz en el salón, aunque no me levanté de la cama.
Cuando llego el jueves al trabajo, abro la puerta y me encuentro con una rosa roja encima de mi escritorio, me acerco y debajo hay una nota:
‘’Blake, no me cansaré de pedirte disculpas. Me alegro de que estés bien. Alexander Kors’’ Justo debajo hay una dirección y una hora.

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No sé que ponerme, no tengo ni idea de dónde vamos.
Abro las puertas del vestidor y entro.
Al principio no sabía si acudir, pero tengo que hacerlo, lo necesito.
Me decanto por una falda de flores, un top rosa palo y unas sandalias. Espero haber elegido correctamente.
Le he dicho a Betta que he quedado con una compañera, me ha costado que se lo trague, piensa que debo reposar más, pero ya lo he hecho toda la semana.
Cuando llego a la calle de la nota, me encuentro con la mejor y más sexy imagen que he visto en mi vida: Alexander apoyado en su Aston Martin.
Viste una camiseta blanca y unos vaqueros. Me alegra haber escogido esta ropa.
Me ve y esboza una sonrisa de oreja a oreja, yo no puedo ocultar mi rubor.

-Hola ¿Cómo estás? – me posa un suave beso en la mejilla.

Me fijo en la herida de su labio.

-Hola, muy bien. Y antes de que saques el tema, fue sin querer – enfatizo cada palabra y abro bien los ojos.

El sonríe y me roza la mejilla con sus dedos, me corta la respiración. Por su rostro se que está pensando en lo que sucedió.
Cojo su muñeca, está vendada.

-¿Tú cómo estás? – lo miro directamente a los ojos.

-Perfectamente. Perdona, te habría recogido en tu casa, pero no te gustaría que Betta sospechara.

Pienso en lo que estoy haciendo, pero no es tan malo, creo. Solo somos amigos…
Me conduce hasta el asiento del copiloto y me abre la puerta. Se sienta al volante mientras yo siento que me va a dar un infarto. Me lo poseía ahí mismo.
Me mira intentando descifrar mi expresión.

-¿Pasa algo? – me mira preocupado.

-Oh nada, tranquilo – tengo que recordarme respirar cuando estoy con él.

Conduciendo está increíblemente irresistible.
Pone la radio y comienza a sonar ‘Marchin On’ de One Republic.
Cruzamos miradas y me sonríe. Estoy nerviosa. Hablando nos damos cuenta de que tenemos en común gustos musicales.
Me lleva fuera de la ciudad, pregunto pero no me dice donde vamos.
Llegamos a nuestro destino, es un bloque de pisos enorme.
Nos bajamos del coche y nos dirigimos a la entrada, Alexander apoya su mano en mi espalda y me conduce hasta el ascensor. No hablamos durante el trayecto, él está serio, yo quiero romper el hielo, pero seguro que si abro la boca digo algo inadecuado.
El ascensor nos lleva hasta la última planta.
Alexander abre una puerta enorme, de color platino antiguo. Grandiosa y preciosa.
Entramos a un enorme salón en tonos fríos, parecidos a su despacho, blancos, negros pero con tonos rojos.

-Bienvenida a mi casa – me dice mientras sonríe un poco.

Al fondo de la habitación hay cristaleras de techo a suelo, se ve toda la bahía y una panorámica increíble de la ciudad.
Nos sentamos en el sofá de piel negro, en frente de una chimenea de acero ultra moderna.

-¿Te apetece una copa de vino? – me pilla desprevenida.

-Sí, claro, vino estaría bien – le respondo con una sonrisa.

 ¿Por qué me comporto así? Yo no soy tan tímida.
Se levanta y al rato vuelve con dos copas de vino tinto, me tiende una y lo pruebo. Está buenísimo, tiene un toque afrutado.
Me vuelve a preguntar que si estoy bien, le respondo de buena gana, pero no me apetece hablar de ese asunto, ni de David…
De repente me acuerdo de algo que hacía tiempo quería preguntarle.

-Oye, ¿Cómo era eso de que eres mi jefe? – deja la copa en la mesa y me mira de soslayo.

-¿No te lo dijo Betta? – me responde con otra pregunta.

-No, no me lo dijo, ¿Quién eres Alexander Kors? – vaya pregunta de película que le acabo de soltar.

Lo miro sin pestañear, esperando a que diga algo.

-Bueno, digamos que…esto…- está nervioso, no lo había visto así.

Por lo que he podido observar en este tiempo el no es así, siempre parece tener el control de las situaciones.

-…llegué a un pequeño acuerdo con ella – termina la frase.

Para quitarle tensión al momento digo:

-¿Te acostaste con ella? – me río con una risa pícara, pero él está quieto como una piedra.

 ¿Cómo se me ocurre decirle algo así? ¿Cómo no se me ha pasado por la cabeza? ¡Es Betta!
Siento una sensación muy extraña en el pecho y suelto la copa sobre la mesa por miedo a que se me caiga.

-Lo siento Blake, yo creía que ella te lo había contado – se ve arrepentido, pero yo estoy muy enfadada. 

-¿Y por qué? Eres el dueño de la empresa, ¿no? – mi tono de voz se eleva, lo miro fríamente directamente a los ojos, sin rodeos.

-Sí, bueno, mi padre tiene varias empresas – me aguanta la mirada – pero no solo trabajas en VOGUE por eso, eres buena en lo que haces.

-Ya no se qué creer – me levanto rápidamente, pero me mareo un poco y me tambaleo.

 Él me sujeta antes de que caiga.

-¿Estás bien?

Asiento y lo aparto de mí.

-Gracias por todo – digo mientras cojo mi bolso.

Me dirijo a la puerta, pero él me alcanza y me agarra por el codo dándome la vuelta.

-Entiendo que quieras irte, pero déjame que te lleve a casa, por favor.

-No, gracias. Se apañármelas sola – abro la puerta y me voy, mi orgullo puede conmigo, pero me da igual.

Cuando llego a casa Betta está viendo la televisión pero yo me dirijo a mi habitación sin ni siquiera mirarla, mi enfado es tal.
Decido olvidarme de todo y dormir.

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Es la hora de salir de la cama, tengo que ir al trabajo o mejor dicho, ex trabajo a por mis cosas, pero para mi sorpresa cuando abro los ojos me encuentro con un enorme ramo de peonías rosas sobre la mesa que tengo junto a la ventana. Adoro las peonías.
Me acerco rápido, no puedo ocultar mi emoción.
Hay una pequeña nota en la que pone: ‘’Solo una oportunidad  A.Kors’’.

Salgo de la habitación con la nota en la mano y al llegar a la cocina la arrugo y la tiro a la basura.
No veo a Betta por ningún lado.
Decido desayunar y cuando lo estoy haciendo ella entra pegando un gran golpe en la puerta y viene directa hacía mí.

-Blake, ¿estuviste ayer con Alexander? – pregunta con la rabia impresa en los ojos.

No tengo ganas de discutir, pero tampoco le quiero mentir, estoy muy enfadada con ambos, pero aún más con ella.

-Sí, estuve con él. Pero fue un error – le contesto sin levantar la vista de mi desayuno.

-¿Por qué Blake?  ¿Por qué fuiste con él? – dice alterada.

-Betta, tú no puedes recriminarme nada, ¿por qué no me dijiste que él era mi jefe? Y lo peor de todo ¿Cómo conseguiste mi puesto? – está vez le clavo la mirada, subo el tono de mi voz y me levanto.

Su expresión cambia.

-Lo siento – dice – no sabía que fuera tan importante para ti saber cómo lo conseguí…

-Claro que es importante. Yo quería que fuese por mis méritos y sí, con tu ayuda, pero no así – el final lo digo gritando.

Ella me mira sin saber que decir, de repente viene hasta mí y me abraza, me deja pasmada.

-Lo siento, Blake. No debería de haber sido así, es solo que me ha molestado que te veas con él sin decirme nada – me aparta y me mira a los ojos – no lo tenía que haber ocultado, eres mi amiga y te quiero, pero quiero que sepas que Alexander es especial, aunque no sé si él siente lo mismo por mí.

Vaya, no sabía los sentimientos tan profundos de Betta hacia Alexander. Me da pena, pero el problema es que a mí también me gusta él.


Vamos juntas al trabajo, le digo que estoy dispuesta a dejarlo, aunque me duela mucho. No hablamos de Alexander.
Cuando entro en mi despacho mi tensión se dispara.
Alexander está mirando por mí ventana, de brazos cruzados. Lleva un traje negro y se ve guapísimo, como siempre.

-¿Qué haces aquí? – digo bruscamente.

No debo verlo, pero no puedo evitar sentirme feliz porque este allí, esperándome.

-No te vayas – no me mira, sigue de pie con su mirada fija.

-No voy a quedarme. Quiero conseguir un trabajo de una forma honrada y no por cómo lo tengo ahora.

Se da la vuelta y viene directo a mí. Entre los dos no hay ni medio metro de distancia. Observo que ya tiene e labio bien y lo único que me apetece es mordérselo y besarlo.
Se acerca un poco más y mi respiración vuelve a ser entrecortada. No apartamos la mirada el uno del otro. Digo con un temblor en la voz:

-No voy a quedarme.

Voy a darme la vuelta cuando me agarra y posa sus labios en los míos. Su beso es suave y se vuelve cada vez más intenso, nuestras lenguas se juntan, me acerca más a él, con una mano me sujeta la nuca y yo le comienzo a recorrer la espalda con mis manos y a enredar mis dedos en su cabello.
Llevaba mucho tiempo deseando hacer esto y es más impresionante de lo que imaginada. Sus labios ejercen una presión sobre los míos que hace que quiera más y más.
Después del mejor beso que me han dado nunca, separamos nuestras bocas a regañadientes para coger aire.
Sus brazos me sujetan con fuerza y me encanta su contacto.
Nuestros ojos se cruzan y nos miramos. Estamos un tiempo muy intenso sin apartar las miradas.
Al cabo de un rato, el rompe el silencio.

-¿Qué decides? – me dice, buscando una respuesta en mis ojos y decido serle sincera.

-No sé, estoy totalmente perdida con esto, Betta…- suspiro- pero después de esto- digo mirando sus manos que rodean mi cintura – creo que no voy a poder irme – sentencio.

En su mirada veo comprensión, pero tiene una sonrisilla de suficiencia, está contento y me lo demuestra.
Se acerca aún más y posa sus labios en mi boca, sin besarme murmura:

-Me alegro.

Yo me retiro y lo examino más a distancia.

-Pero yo no soy capaz de engañar a Betta.

Me vuelve a acercar a él, pero esta vez me da la vuelta y miramos hacia el ventanal, con su cuerpo sobre mi cuerpo. Empieza a recorrer con su lengua mi cuello mientras me sube la blusa blanca hasta el ombligo y me acaricia el vientre. Me da besos en la mandíbula y al llegar a mi oído me muerde el lóbulo derecho y murmura en un suspiro:

-No tiene porque saberlo, nos gustamos y punto.

 Betta es mi mejor amiga, no puedo, ella siente algo por él.
Lo aparto de un empujón y lo miro molesta.

-Lo siento, creo que no puedo. Es mejor que te vayas, no es bueno que te vean aquí.

Me mira y se apoya en la puerta con los brazos cruzados esbozando una sonrisa de medio lado. Tiene un brillo en sus ojos negros que no había visto antes.

-Lo harás, porque no puedes evitarlo – sentencia.

Abre la puerta y se va. 
  
8


Me siento de golpe en mi silla, pensando en su última frase, empiezo a pensar que es verdad.
Llamo a Betta, le digo que he pensado mejor lo del trabajo y que con el paro que hay no puedo dejarlo. Ella se alegra de que me quede, pero en realidad no sabe el motivo por el cual lo hago.

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Es sábado y estaré todo el día sola. Betta tiene unas reuniones y luego una fiesta en los Hamptons, así que merodeare todo el día por la casa.
Quiero quitarme a Alexander de la cabeza y después de ver dos películas, decido salir a la calle. El recuerdo de sus labios sobre los míos me está matando.
Entro en un Starbucks cercano y cuando voy a salir me tropiezo. Es un hombre y su rostro me es familiar.

-Lo siento – dice – eh ¿tú no eres la amiga de Betta?

Lo miro desconcertada.

-Sí, ¿tú eres…?

-Perdona, soy Christopher, nos vimos en un pub hará un mes.

-Ah! Claro que sí, perdona mi despiste – digo. Es el entrenador personal, amigo de Betta.

Salimos juntos a la calle y hablamos de ella.
Soltamos unas risas al ver a un personaje que pasa por la calle y él me toca el hombro con cercanía.
Mi risa se para de golpe cuando escucho una voz a mis espaldas.

-Blake, ¿Qué haces?

Me doy la vuelta y me encuentro a Alexander con las manos metidas en los bolsillos y expresión seria.

-Hola Alexander, ¿Qué haces tú aquí? – digo con un tono irónico.

-Habíamos quedado, ¿recuerdas? – dice él acercándose a mí y cogiéndome por la cintura para pegarme a su cuerpo.

 Yo intento separarme un poco, pero me aprieta con los dedos las cotillas y me hace cosquillas.
Lo miro y tiene una expresión divertida. Le gusta esta situación.

-Alexander, este es Christopher, un amigo – lo de amigo es lo que más remarco.

Alexander levanta una ceja y me mira con la boca entre abierta. Se saludan cordialmente y Christopher nos mira, sonríe y pregunta:

-¿Sois pareja? - ¡Madre mía! Tierra trágame.

Alexander y yo nos miramos. Voy a responder y decir que no a voz en grito, pero él se me adelanta y dice:

-Sí – con expresión seria pero simpática y casi hasta yo me lo podría haber creído en ese momento.

-¿Cuánto lleváis?  -

¿Pero es que este hombre no se puede callar?

Yo no respondo, ni tampoco hago ademán de hacerlo, se que lo hará el adonis.

-Tres semanas – dice.

 Me mira a los ojos y yo le doy un apretón en el culo que se que le ha tenido que doler. Él da un respingo pero sigue pegado a mí.
Los tres nos quedamos callados, es incómodo hasta que decido hablar yo:

-Tenemos que irnos, Alex – al decir Alex, noto que se pone rígido y se separa un poco.

Me coge por la muñeca y tira de mí. Me despido de Christopher con la mano.
Alexander se para en mitad de la acera y se acerca a mi boca con un fervor incontrolable me besa con pasión, me atrevería a decir que con desesperación. Me muerde, me chupa y cuando tenemos las respiraciones alteradas se separa de mí y me mira. Me vuelve a coger por la muñeca y comenzamos a andar, él por delante de mí, mejor, pienso. Así puedo observar cómo se mueven los músculos de su espalda, rígidos que se marcan por debajo de la camiseta blanca de manga corta y los pantalones camel, que se ajustan a sus glúteos con cada paso que da.
Llegamos hasta un Bentley negro y nos montamos, no puedo ver quien conduce ya que hay una ventanilla que separa el lujoso coche en dos espacios.
El coche empieza a moverse y yo me doy la vuelta y lo miro a los ojos, furiosa.

-¿Pero qué haces? - ¿Qué se ha creído este?

-¿Qué hago de qué? – parece no haber notado mi enfado.

-¿Por qué me has besado? ¿Por qué has dicho que eras mi novio? ¿Me persigues? – las palabras salen solas de mi boca.

-Porque me apetecía, por eso te he besado. Quiero que seas mía – su mandíbula se tensa y no aparta sus ojos de mí.

 Yo bajo la mirada a mis manos, nerviosa.

-Sabes que eso no puede ser  - mi voz suena más débil de lo que yo pretendía.

Su repentino beso me ha dejado acalorada y con ganas de más. Salgo de mi ensueño y le pregunto:

-¿Dónde vamos?

-A mi apartamento.

Lo miro y él observa por la ventana, me tomo un minuto para estudiar su perfecto rostro, sus espesas pestañas y su mirada profunda que me deja poco que ver.
Se da cuenta de que lo estoy mirando y yo vuelvo la vista a mi ventana, avergonzada.

-Subiré para llamar a un taxi y me  iré - ¿Por qué he dicho eso?

 No puedo permitirme estar cerca de él y menos aún en su apartamento, pero él es como un imán para mí, quiero estar cerca de él, tocarlo, olerlo y como él dice, que me haga suya.
Abre la puerta de la casa y me deja pasar primero.

-¿Me prestas el teléfono? – digo sin rodeos cuando ya estamos en el salón.

-No – dice y da un paso hacia mí.

-Por favor, ¿me dejas el teléfono? – repito un poco más alto.

Da dos pasos más y se encuentra a pocos centímetros de mí. Mueve la cabeza, negando.
Sacudo la cabeza, intentado aclarar mis ideas. Tenerlo tan cerca me desconcierta.

-¿Me prestas el…?

No dejamos acabar la frase ya que nos abalanzamos el uno sobre el otro. Nuestros labios son desesperados. Le doy un mordisco suave y el gime en su garganta.
Sus manos me vuelven a sujetar contra él, como cada vez que me besa. Siento su erección en mi vientre.
Meto las manos por debajo de su camiseta y toco su torso, sus abdominales, quedándome sin respiración ante su perfecto cuerpo.
Me coge en sus caderas y aparta su boca un poco de la mía, lo suficiente para decirme:

-No vas a ninguna parte – susurra y deja besos sobre la comisura de mis labios.

-No – consigo decir y lo vuelvo a acercar a mi boca.

Me lleva en brazos hasta una habitación y me deja sobre la cama.
Lo tengo sobre mí, besándome apasionadamente y con su mano en mi vientre. En este momento no puedo pensar en nada más que no sea su contacto.
Le toco el pelo, no puedo apartar mis manos de él.
Me quita los pantalones y los tira al suelo, después se deshace de mi camiseta. Acto seguido se quita la suya y es todo un espectáculo, tiene un cuerpo fascinante, con unos abdominales definidos pero no muy marcados.
Mi respiración es costosa, pero no me importa.
De repente mientras me besa por todas partes y cierro los ojos, una sensación de terror se apodera de mí. Siento como si fuese David quién me toca. Sé que no lo es, pero recuerdo como sus manos me aprisionaban.
Le doy un empujón a Alexander. Él me mira sin comprender e intenta acercarse a mí de nuevo.

-No, por favor – mi voz es suplicante y suave, apenas audible.

-Blake, ¿Qué pasa? – está quieto.

-No, no puedo…. No es por ti…

Se queda callado y por su mirada, por primera vez expresiva, creo que sabe lo que pasa.
Se sienta al borde de la cama, lleva solo los pantalones desabrochados. Yo me hago un ovillo y lo observo.
Posa los antebrazos en sus rodillas y se lleva las manos a la cara.
Me acerco y le toco la espalda. Eso le sorprende y me mira.

-Lo siento, no debería haberme dejado llevar – se levanta y me mira preocupado.

Yo también me levanto y me pongo  a su altura.
Me compadezco de él. Le cojo la cara con una mano y él busca mi caricia con su mejilla. Su barba me hace cosquillas en la palma, me acerco más a él.

-No te preocupes, esto ha sido cosa de los dos, soy yo la que tenía que haber visto que no estoy preparada – le digo con cariño.

 Me coge la mano que hasta hace poco estaba en su cara y entrelaza sus dedos con los míos.

-De todas formas lo siento, no quiero que hagas algo con lo que te sientas incómoda –dice.

 Yo lo miro y me entra la risa, él me mira perplejo y entre risas le digo:

-¿Y lo de perseguirme por la calle y traerme a tu casa sin permiso? ¿Eso que era? – intento ponerme un poco más seria pero la risa no se me va.

Él mueve la cabeza intentado negarse a reír y dice:

-¿Acaso el beso de hace un rato te lo he robado? Lo deseas tanto o más que yo – esboza una sonrisa divertida.

Me muerdo el labio, lo sabe y lo sé. No me ha obligado a nada.
Tiro de sus pantalones hacia mí y le beso la clavícula. Sé que él no es David y estoy dispuesta a seguir con lo que estábamos haciendo.
Le bajo la cremallera y él me detiene.

-¿Estás segura? – me pregunta con la pasión impresa en sus ojos negros.

-Más que nunca – respondo.

Me besa o más bien me devora la boca, yo jadeo, no puedo hacer otra cosa.
Me ayuda a quitarle los pantalones y los calzoncillos negros. Me quedo paralizada, que bien dotado está y por lo visto se alegra mucho de que haya decidido continuar.
Lo miro a los ojos y él levanta una ceja dibujando una media sonrisa en su cara al mismo tiempo. Sabe que lo que veo me gusta.
Me pongo de rodillas y él se sienta en la cama. Introduzco su pene en mi boca, es suave y muy grande, además de cálido.
Le masajeo el culo a la vez que él sale y entra de mi boca. Al instante se detiene, me agarra por los hombros y me pone en pie.
Me besa mientras me quita las bragas azul claro de un solo movimiento. Me coge por el culo mientras me besa el cuello y me deposita en la cama.

-Ahora, lo haremos normal, pero cuando te encuentres mejor, te voy a enseñar como hago yo las cosas – me dice con voz ronca.

Mi respiración se corta, ahora no puedo pensar en nada que no sea él, sus besos, su cuerpo.
Se tumba encima de mí y le araño la espalda. Coge un preservativo y se lo coloca, me mira y sonríe, yo no parpadeo.

-La próxima vez lo harás tú con la boca.

Eso me excita.
Se introduce en mí con un golpe seco, sin darme tiempo a reaccionar o coger aire. Yo muevo la pelvis hacia arriba, necesito sentirlo más adentro, quiero quitarme cualquier sensación que haya dejado David, quiero sentir que él único que me ha tocado ha sido Alexander.
Me coge las manos y las coloca por encima de mi cabeza mientras que jadea me dice:

-Agárrate al cabecero.

Yo lo hago sin dudar.
Él continúa saliendo y entrando. Lentamente me recorre el cuerpo con las manos y la boca, me desabrocha el sujetador justo cuando voy a decir que pare, aumenta el ritmo de sus embestidas y yo grito y jadeo, no puedo hablar y mucho menos pensar.
Sube las copas del sujetador y libera mis pechos. Los agarra y succiona cada pezón con su boca.
Siento que cada vez sus embestidas son más rápidas y yo no aguanto más.
Me coge por la cintura con las dos manos y se aprieta más a mí.
Llego al mayor orgasmo que he tenido jamás. No puedo respirar y no dejo de jadear. La cabeza me da vueltas.
Él sigue moviéndose como si le fuera la vida en ello y en menos de diez segundos se deja llevar. Jadea muy fuerte y cae sobre mí.
Con nuestros pechos subiendo y bajando muy rápido, él me abraza estrechándome dulcemente en sus brazos. Siento sus bíceps apretándome, es muy fuerte.
Sale de mí sin decir nada, se levanta y va hacia el baño cerrando la puerta tras él.
  
9


Estoy muda sobre la cama y llena de asombro.
No puedo creer lo que acabo de hacer.
Instintivamente me tapo los pechos. Joder, no me puedo creer que los haya visto.
Busco por la cama y entre las sábanas revueltas mi sujetador. Lo encuentro en el suelo y me lo pongo.
Acto seguido busco mis braguitas, pero al cogerlas observo – un poco sorprendida – que están rotas. Bueno, me pondré los pantalones sin más.
Mientras me visto, escucho la ducha y siento un fuerte impulso de entrar y tirarme sobre Alexander.
Desecho esa idea de mi cabeza, si ha cerrado la puerta será por algo, tendré que contenerme por esta vez.
Recojo todas mis pertenencias.
Estoy colgándome el bolso cuando se abre la puerta del baño.
Lleva una toalla a la cintura y el cabello húmedo. Siento que yo también me pongo húmeda.
Este hombre me deja sin palabras y sin sentido. Me lanzaría a él sin pensarlo dos veces.
Me mira y me estudia con una mirada que no puedo descifrar. Al final decido hablar y digo:

-Me marcho.

-¿A dónde? – su voz es helada, sin nada que transmitir.

-A casa, es tarde y… no debería haber venido – miro por el ventanal y ya es entrada la noche.

-¿No te ha gustado? – noto un poco de diversión en su voz, aunque no sé si me lo he imaginado

Se apoya en el marco de la puerta y cruza los brazos. Estos se flexionan y a mí se me abre la boca.

-No es eso… ha sido increíble, pero ya te lo he dicho, entre nosotros no puede pasar nada más – digo y me dio la vuelta pero con el sonido de su voz me giro.

-Blake, espera – da un paso adelante – no podemos dejar que algo o alguien condicione esto. Nos gustamos ¿para qué darle más vueltas?

Pestañeo incrédula.

-Betta es mi mejor amiga, no puedo hacerle esto, tú... tú le gustas de verdad y por primera vez desde hace tiempo, la veo ilusionada – miro al suelo, mirarlo a los ojos me deja tonta – algo así la destrozaría y a mí me destrozaría que ella dejará de ser mi amiga.

Resopla y se dirige al armario, rápidamente se coloca unos pantalones de pijama que le caen en la cintura, sin nada debajo y yo observo maravillada el espectáculo.
Sale del vestidor y cierra las puertas tras él.
Se acerca a mí, estamos a un metro de distancia y yo solo deseo alargar mi mano y tocarlo. ‘Contrólate Blake, contrólate’ me digo a mi misma.

-Blake, me gustas tú ¡Tú! No Betta – se pasa la mano por el pelo, frustrado. Yo no sé qué decir – quiero algo contigo, siento una atracción hacia ti que nunca había sentido por nadie.

-Alexander – digo con voz entrecortada – no hagas las cosas más complicadas de lo que son.

Me doy la vuelta y salgo de la habitación.


Llego al pasillo y no tarda mucho en alcanzarme. Me agarra del brazo y yo intento quitármelo de encima cuando se me cae el bolso al suelo.
Todo queda esparcido y yo, furiosa, me agacho a recogerlo. Resoplo mientras voy guardando las cosas. Alexander me ayuda recoger. Mientras cojo el móvil, este suena y la melodía de “ La vie en rose” nos envuelve.
Me tiro al suelo y me estremezco al ver que quien me está llamando es David.
Con el móvil en la mano no se qué hacer, Alexander me mira sin comprender, se arrodilla a mi lado e intenta quitármelo de las manos.

-No, no por favor- le digo suplicante entre sollozos- es David.

El móvil deja de sonar y yo me intento tranquilizar un poco.
No comprendo por qué tiene que aparecer ahora, otra vez.
Alexander me abraza y en murmullo me habla:

-No te preocupes, no te preocupes- mientras me acuna en sus brazos y varias lágrimas recorren mi mejilla.

El móvil vuelve a sonar pero esta vez Alexander no me deja ver quien llama, me lo arrebata de las manos y se levanta con una rabia que nunca había visto. Se lo coloca a la altura del oído y con los dientes apretados y la mandíbula tensa, pregunta:

-¿Qué quieres hijo de puta?- me mira mientras habla.

Yo no puedo contener mi miedo y me envuelvo las rodillas con los brazos.
No sé lo que David le cuenta, pero Alexander no para de dar vueltas mientras habla y lo insulta  con un desprecio que hasta a mí me sorprende.
La conversación termina con la amenaza de Alexander:

-No vuelvas a molestarla, o te las veras conmigo y entonces- se ríe pero es una risa siniestra- desearas no haber nacido- sentencia.

Me recorre todo el cuerpo un escalofrío. Alexander se sienta a mi lado y me da un beso en la cabeza mientras me abraza.

-¿Qué te ha dicho? – pregunto con voz temblorosa.

El me mira y se piensa su respuesta, veo la preocupación en sus ojos y finalmente dice:

-Sabe donde trabajas, que haces en tu tiempo libre y hora que tu y yo estamos juntos.

Miro a la nada, no me lo puedo creer.

-Ya ha salido de la cárcel- me dice mirando también un punto fijo a lo lejos – pero no te preocupes, no voy a dejar que te haga daño. Yo te voy  proteger- dice muy serio mirándome a los ojos.

Llegamos a mi apartamento, ha insistido en dejarme en la misma puerta. Yo no quería por si Betta está en casa, pero él insiste demasiado.
Abro la puerta de su Aston Martin y me agarra del brazo para detenerme.

-Solo te quiero decir una cosa- me mira serio, pero con una media sonrisa que hace que me derrita- tú eres la única que me ha llamado Alex.

Yo lo miro y me sorprendo, vaya aún se acuerda.

-Lo siento, no quería que te mo…- intento disculparme, pero me corta con un suave beso en los labios.

-No te preocupes, me ha encantado- y me da otro beso.

-De acuerdo- salgo del coche con una sonrisa increíble.

Me siento en las nubes.
Ya en casa, parece que no hay nadie. Las luces están apagadas, suelto el bolso en el sofá y me recorro los labios con los dedos como si pudiera sentir los labios de Alexander sobre los míos.
De repente algo me sobresalta, un sonido como de un sollozo que viene de mi habitación.
Corro a la cocina y cojo un cuchillo de los más grandes. Me dirijo a la puerta de mi cuarto y la abro muy sigilosamente, asomo la cabeza y bajo el cuchillo. Veo a Betta en la cama y todas mis cosas tiradas por todos lados.


Entro de golpe.

-¿Qué ha pasado? – pregunto asustada y corro hacia ella, pero me para con una mano.

 Me mira y tiene el rímel corrido y la cara manchada.

-¿De dónde vienes? -  lo dice con lágrimas en el rostro.

Estoy muy desorientada por todo lo que me ha pasado hoy. Pienso en mi respuesta un rato.

-Dando una vuelta, me aburría de estar aquí todo el día...-  no es del todo mentira, voy a continuar pero ella me corta.

-¡Blake, no me engañes!-  su furia es visible y se levanta haciendo que yo de un paso atrás – Christopher me lo ha contado todo, dice que Alexander y tu sois novios.

Levanta las manos en forma de asombro. No parpadea y espera impacientemente a mi contestación.
Respondo con más dureza de la que pensaba.

-Betta, tranquilízate ¿vale?- intento acercarme a ella – todo ha sido un mal entendido, Alexander creía que Christopher me estaba molestando.

Me quedo alucinada al comprobar que hasta yo misma podría creerme mis propias palabras y rezo porque ella las acepte también.
Parece que la aplacan un poco, yo suspiro un pelín aliviada y juntas y más tranquilas nos sentamos al borde de mi cama.
Me cuenta que Alexander tenía planes esa noche, así que llamo a Christopher para que la acompañara a la fiesta.
Este último le conto lo que había visto esa tarde: a Alexander y a mí, “siendo novios”.
Christopher ajeno a todo, le describió el beso sin rodeos mientras Betta escuchaba atentamente a que terminará.
La conversación va de mal en peor, las preguntas son cada vez más difíciles, no puede saber donde he estado esa noche, aunque ahora mismo me encantaría contárselo todo y aclarar hasta el mínimo detalle. Pero está demasiado enfadada y podría acabar en desastre.
Al final cuando siento que se acerca lo peor de todo, Betta levanta un dedo y me calla, diciéndome:

-Basta ya, me duele mucho la cabeza. Espero que continuemos con esta conversación- sin más que decir, se va y cierra la puerta sin ni siquiera mirarme.

Me quedo sentada, con la palabra en la boca. Miro la habitación, todo está hecho un desastre que se extiende hasta el vestidor y el cuarto de baño y yo estoy demasiado cansada para ordenar nada.
Voy a buscar a Betta, mi cuarto no puede quedarse así.
Sé que estaba muy enfadada, pero no creo que haya sido motivo suficiente para hacer eso.
Voy con paso decidido a su habitación y toco en la puerta un poco más fuerte de lo que pretendía.
Al ver que no responde, intento abrir, nada, cerrado con llave.
Más enfadada no puedo estar.
Vuelvo a mi desastrosa habitación, dando patadas a todo lo que encuentro a mí paso.
Me quito los zapatos y me tiro encima de la cama. No era consciente de lo cansada que estoy, pues en menos de cinco minutos me he olvidado de todo y me adentro en un sueño profundo.


---                                     ---                                     ---


Me levanto de la cama y no hay nadie en casa, eso que es media hora antes que todos los días.
Recojo mi habitación desecha.
Mi enfado de la noche anterior se ha sustituido por calma y paciencia.
Parece que ha pasado un tornado, ¿en qué pensaba Betta?
Cuando acabo de ordenar, me arreglo rápido, voy con la hora justa.
Cruzo la puerta de la calle y un hombre trajeado junto a un Bentley negro me llama. Es mayor, con una sonrisa amable en los labios y levanta la mano para que me acerque.

-Señorita  Solfman, ¡espere! – me acerco curiosa.

-¿Si? – nunca antes lo había visto, pero él parece saber muy bien quién soy.

-Soy Lewis. Me envía el señor Kors para llevarla al trabajo.

Mi cara es un poema total. Se me abre la boca y se me abren los ojos.
El hombre, Lewis, abre la puerta trasera del espectacular coche invitándome a que suba.
Yo me quedo parada un rato, pero aclaro mis ideas rápidamente.

-Lo siento, pero llamaré a un taxi - ¿Qué se ha creído Alexander? Después de lo que pasó anoche con Betta, no quiero más problemas.

Yo puedo y soy capaz de cuidarme solita.
Dejando al chófer esperando a que me monte, me doy la vuelta y llamo a un taxi que para rápidamente. Me monto y no miro atrás.

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El día en la oficina se me hace eterno, aunque me guste mi trabajo, hay partes que me gustaría saltarme de vez en cuando.
He salido a comer sola, Betta no me ha llamado y yo tampoco estoy de ánimo para hablar con ella.
Tenemos una discusión pendiente, pero una cosa está clara, esto hay que arreglarlo sea como sea.
No he visto a Alexander en todo el día, ni he recibido ninguna llamada suya, me sorprende, sobre todo porque le he dicho que no por segunda vez a Lewis que me esperaba al salir del trabajo.

Llego al piso, no hay nadie.
Me descalzo, lanzando los zapatos marrones claros de un golpe en el salón y salgo disparada al baño. Me quito la ropa y me meto en la bañera.
Lo necesito, sentir el agua me relaja durante casi una hora. Me olvido de todo y dejo la mente en blanco.
Relajada, salgo de la bañera y me coloco la toalla. Voy al vestidor a buscar un pijama, quiero tumbarme en el sofá y ver la tele.
Cuando abro las puertas del vestidor, me doy cuenta de que esta mañana me he dejado una caja.
Me agacho para cogerla, es la caja de mis ‘’recuerdos’’. Está abierta y noto como si el corazón se me fuera a salir del pecho.
Me siento en el suelo y la miro. La abro entera y veo fotos y un par de cosas sin valor sentimental para mí. Noto que me falta algo, no caigo en lo que es, siento que mis emociones y recuerdos más dolorosos están a flor de piel, pero entonces oigo como Betta entra por la puerta. Me levanto y dejo la caja en una esquina.
Voy hacía el salón.

-Betta, cuando revolviste mis cosas, ¿abriste una caja que tengo en mi armario? – le digo un poco enfadada.

Ella me mira perpleja, sin comprender. No cree lo que acabo de decirle.
Pasa por delante de mí.

-No, yo no revolví tus cosas, cuando llegué ya estaban así. Pensé que habías sido tú.

Se para en la cocina y saca una botella de agua del frigorífico.
Se vuelve y con los ojos vidriosos continúa.

-¿Cómo has podido pensar que yo haría algo así? – su reacción me deja a cuadros.

 Le pasa algo y no es por la angustia de mi habitación. ¿Pero entonces que pasó?

-Lo siento, Betta. Tienes razón, tú no harías algo así, pero ¿si tu no fuiste y yo tampoco? ¿Qué pasó?  – me acerco a ella con el miedo incrustado en mi piel.

Me siento en un taburete y ella me mira y suspira.

-¿Te falta algo? – me pregunta, preocupada.

-No sé, creo que sí, de a caja de mi armario – le respondo mirándola seriamente.

-¿Lo has mirado todo? ¿Estás segura? –Insiste – podemos llamar a la policía.

-No, no lo he mirado todo, no puedo. A lo mejor son imaginaciones mías. No hace falta que llamemos a la policía por nada – sonrío levemente y ella también lo hace.

 Mi cabeza es un caos, no puedo ni imaginar que pasó el domingo mientras yo no estaba.
Miro a Betta, absorta en sus pensamientos y decido sacar el tema.

-¿Estas mejor?

Cambia de postura y guarda la botella de agua en el frigorífico.

-He hablado con Alexander – dice después de coger aire.

Yo trago saliva, tengo la garganta seca, no puedo ni pensar que le habrá dicho.

-Me ha dicho –continúa – que se encontró contigo y Christopher y que se pensó que te estaba molestando, lo que tú me dijiste – me mira con las cejas fruncidas – también me ha dicho…- entonces agacha la cabeza y rompe a llorar.

 Yo salto del taburete y la abrazo.

-…Dice que cree que es mejor…que es mejor que seamos amigos…

Vaya eso si que no me lo esperaba.

-Betta, cariño, lo siento – le paso la mano por el pelo para consolarla.

Pienso que Alexander la ha dejado por mí, ¿pero qué se yo? De todas formas tengo que intentar olvidarme, aunque sea sólo por mí amiga.
A las doce me encierro en mi habitación, han pasado muchas cosas en muy poco tiempo.
Betta está más tranquila, la he dejado dormida en su cama, es impresionante, está guapísima incluso después de estar más de dos horas llorando.
Yo no sé lo que es que te rompan el corazón, pero según estaba ella me lo puedo imaginar.
Me acuesto, pero antes de dormir miro el móvil. Tengo un mensaje. Me asusto al pensar que puede ser David, es del único del que recibía mensajes. Pero me asusto más al ver que es de Alexander:
‘’Viendo que no quieres que Lewis te lleve, voy a tener que ir yo personalmente a por ti. Descansa preciosa’’.
Me quedo con la boca abierta y por mi cabeza revolotea a idea de contestar y dejar las cosas bien claras, pero no lo hago, va a ser inútil le ponga lo que le ponga.


Por la mañana me duele la cabeza, me tomo una pastilla y observo que al igual que todos los días, Betta ya se ha ido.
Entro en el vestidor para coger mi ropa y entonces recuerdo el desastre de mi habitación. E intentado no pensar en ello, pero me entra el pánico y vuelvo a mirar la caja, sigo sin recordar que falta.
Me arreglo lo más deprisa que puedo y me voy, no tengo ni idea de qué hacer con ese asunto.
Olvido el enorme dilema al ver el Bentley negro de Alexander en la puerta de mi edificio.
Paso lo más rápido posible y camino por la acera sin saber dónde dirigirme, una sensación extraña se apodera de mí, intento disimular.
No han pasado ni cinco segundos y Alexander ya me está agarrando del brazo, lo que ocurre ya muy a menudo.

-Eh, ¿Dónde vas? Ya ni saludas – me sonríe y yo lo único que puedo hacer es echarme a llorar.

Casi nunca lloro y menos delante de alguien, pero cuando estoy delante de él soy más vulnerable y me es fácil expresar lo que siento. Él hace que esté cómoda.
Su rostro cambia de un momento a otro.
El hombre de sonrisa juguetona pasa a ser serio y preocupado. No queda ni un atisbo de su felicidad anterior. Me pregunto cómo lo hará.
Me coge la cara entre las manos y siento sus dedos suaves en mi rostro.

-¿Qué es lo que ocurre? – me pregunta, buscando mi mirada.

Ni una palabra sale de mi boca, no porque no quiera, sino porque en ese momento soy incapaz de hablar del tema.
Me cubre con un brazo y me dirige hasta el coche.

-No, por favor, quiero caminar – digo entre sollozos.

Para mi sorpresa él no se opone y con su brazo sujetándome por la cintura comenzamos a andar.
Tras un par de minutos me relajo y comienzo a hablar.

-Es Betta, está destrozada –  lo miro de reojo y su expresión  es seria – me contó lo que le dijiste y además cuando llegué el sábado tuvimos una pelea, incluso creí que la había tomado con mi cuarto, aunque resultó no ser ella y luego ayer se desplomó y yo… yo... no sé qué hacer – he explotado dando un discurso precipitado en el que ni yo misma sé que he dicho, pero las palabras continúan – a mi me gustas, ¿vale? Sí, lo admito, pero si Betta supiera eso…

Se para en seco y se pone frente a mí, clavándome sus ojos. Parece haber ignorado todo lo que le he dicho excepto lo de mi cuarto, porque dice:

-¿Quién ha estado en tu habitación?

-Em…no lo sé, pero Betta…- voy a continuar, pero me pone un dedo en los labios para que no lo haga.

Su contacto me distrae y lo miro atentamente.

-¿Quién ha podido estar en tu habitación? –repite. Esta vez me da hasta miedo. Enfatiza cada palabra.

Yo me encojo de hombros y digo:

-Ahora solo me importa mi amiga. El resto puede esperar – y sin más demora ni nada que añadir, me lanzo a sus brazos y él me corresponde con un abrazo.

No dice nada más, pero yo se que le está dando vueltas al asunto.


Acepto a ir con él en su coche, pero tras una larga y estresante charla durante el trayecto, acepta a que pueda ir y volver del trabajo yo sola, pero siempre que le avise de que estoy bien. Yo lo veo algo excesivo, pero su poder de convicción es realmente increíble a pesar de que yo soy una testaruda.
Su preocupación por mí hace que las mariposas de mi estómago revoloteen y mi respiración sea forzosa.