jueves, 7 de noviembre de 2013

Octavo Capítulo de ''Perdida''.

¡¡Holaaaaaa!

Ha sido una semana completa, con muchas cosas que hacer y poco tiempo libre, pero ya es jueves y que mejor respiro que un buen libro, o en este caso un capítulo nuevo de Perdida.
Gracias por vuestros comentarios y opiniones que tanto ánimo nos dan. Hoy quiero daros nuestro correo del libro para que mandéis comentarios sobre libros que habéis leído, trailerbooks, o lo que queráis: @trilogiaperdida.gmail.com 
Solo deciros que estamos encantadas por como acogéis cada capítulo con más entusiasmo que el anterior, gracias.
La canción de hoy es Blanco y Negro de Malú.
Esta gran canción tiene una gran historia a sus espaldas, sólo os pido que la escuchéis porque no creo que haya palabras para definir lo perfecta que es.
Muchos Besos.

síguenos en INSTAGRAM: @perdidaenloslibros
y en Facebook: trilogía perdida








Y solo cuando besó su espalda desnuda, tuvo la certeza de que no era un ángel.


8


Me siento de golpe en mi silla, pensando en su última frase, empiezo a pensar que es verdad.
Llamo a Betta, le digo que he pensado mejor lo del trabajo y que con el paro que hay no puedo dejarlo. Ella se alegra de que me quede, pero en realidad no sabe el motivo por el cual lo hago.

---                                     ---                                     ---


Es sábado y estaré todo el día sola. Betta tiene unas reuniones y luego una fiesta en los Hamptons, así que merodeare todo el día por la casa.
Quiero quitarme a Alexander de la cabeza y después de ver dos películas, decido salir a la calle. El recuerdo de sus labios sobre los míos me está matando.
Entro en un Starbucks cercano y cuando voy a salir me tropiezo. Es un hombre y su rostro me es familiar.

-Lo siento – dice – eh ¿tú no eres la amiga de Betta?

Lo miro desconcertada.

-Sí, ¿tú eres…?

-Perdona, soy Christopher, nos vimos en un pub hará un mes.

-Ah! Claro que sí, perdona mi despiste – digo. Es el entrenador personal, amigo de Betta.

Salimos juntos a la calle y hablamos de ella.
Soltamos unas risas al ver a un personaje que pasa por la calle y él me toca el hombro con cercanía.
Mi risa se para de golpe cuando escucho una voz a mis espaldas.

-Blake, ¿Qué haces?

Me doy la vuelta y me encuentro a Alexander con las manos metidas en los bolsillos y expresión seria.

-Hola Alexander, ¿Qué haces tú aquí? – digo con un tono irónico.

-Habíamos quedado, ¿recuerdas? – dice él acercándose a mí y cogiéndome por la cintura para pegarme a su cuerpo.

 Yo intento separarme un poco, pero me aprieta con los dedos las cotillas y me hace cosquillas.
Lo miro y tiene una expresión divertida. Le gusta esta situación.

-Alexander, este es Christopher, un amigo – lo de amigo es lo que más remarco.

Alexander levanta una ceja y me mira con la boca entre abierta. Se saludan cordialmente y Christopher nos mira, sonríe y pregunta:

-¿Sois pareja? - ¡Madre mía! Tierra trágame.

Alexander y yo nos miramos. Voy a responder y decir que no a voz en grito, pero él se me adelanta y dice:

-Sí – con expresión seria pero simpática y casi hasta yo me lo podría haber creído en ese momento.

-¿Cuánto lleváis?  -

¿Pero es que este hombre no se puede callar?

Yo no respondo, ni tampoco hago ademán de hacerlo, se que lo hará el adonis.

-Tres semanas – dice.

 Me mira a los ojos y yo le doy un apretón en el culo que se que le ha tenido que doler. Él da un respingo pero sigue pegado a mí.
Los tres nos quedamos callados, es incómodo hasta que decido hablar yo:

-Tenemos que irnos, Alex – al decir Alex, noto que se pone rígido y se separa un poco.

Me coge por la muñeca y tira de mí. Me despido de Christopher con la mano.
Alexander se para en mitad de la acera y se acerca a mi boca con un fervor incontrolable me besa con pasión, me atrevería a decir que con desesperación. Me muerde, me chupa y cuando tenemos las respiraciones alteradas se separa de mí y me mira. Me vuelve a coger por la muñeca y comenzamos a andar, él por delante de mí, mejor, pienso. Así puedo observar cómo se mueven los músculos de su espalda, rígidos que se marcan por debajo de la camiseta blanca de manga corta y los pantalones camel, que se ajustan a sus glúteos con cada paso que da.
Llegamos hasta un Bentley negro y nos montamos, no puedo ver quien conduce ya que hay una ventanilla que separa el lujoso coche en dos espacios.
El coche empieza a moverse y yo me doy la vuelta y lo miro a los ojos, furiosa.

-¿Pero qué haces? - ¿Qué se ha creído este?

-¿Qué hago de qué? – parece no haber notado mi enfado.

-¿Por qué me has besado? ¿Por qué has dicho que eras mi novio? ¿Me persigues? – las palabras salen solas de mi boca.

-Porque me apetecía, por eso te he besado. Quiero que seas mía – su mandíbula se tensa y no aparta sus ojos de mí.

 Yo bajo la mirada a mis manos, nerviosa.

-Sabes que eso no puede ser  - mi voz suena más débil de lo que yo pretendía.

Su repentino beso me ha dejado acalorada y con ganas de más. Salgo de mi ensueño y le pregunto:

-¿Dónde vamos?

-A mi apartamento.

Lo miro y él observa por la ventana, me tomo un minuto para estudiar su perfecto rostro, sus espesas pestañas y su mirada profunda que me deja poco que ver.
Se da cuenta de que lo estoy mirando y yo vuelvo la vista a mi ventana, avergonzada.

-Subiré para llamar a un taxi y me  iré - ¿Por qué he dicho eso?

 No puedo permitirme estar cerca de él y menos aún en su apartamento, pero él es como un imán para mí, quiero estar cerca de él, tocarlo, olerlo y como él dice, que me haga suya.
Abre la puerta de la casa y me deja pasar primero.

-¿Me prestas el teléfono? – digo sin rodeos cuando ya estamos en el salón.

-No – dice y da un paso hacia mí.

-Por favor, ¿me dejas el teléfono? – repito un poco más alto.

Da dos pasos más y se encuentra a pocos centímetros de mí. Mueve la cabeza, negando.
Sacudo la cabeza, intentado aclarar mis ideas. Tenerlo tan cerca me desconcierta.

-¿Me prestas el…?

No dejamos acabar la frase ya que nos abalanzamos el uno sobre el otro. Nuestros labios son desesperados. Le doy un mordisco suave y el gime en su garganta.
Sus manos me vuelven a sujetar contra él, como cada vez que me besa. Siento su erección en mi vientre.
Meto las manos por debajo de su camiseta y toco su torso, sus abdominales, quedándome sin respiración ante su perfecto cuerpo.
Me coge en sus caderas y aparta su boca un poco de la mía, lo suficiente para decirme:

-No vas a ninguna parte – susurra y deja besos sobre la comisura de mis labios.

-No – consigo decir y lo vuelvo a acercar a mi boca.

Me lleva en brazos hasta una habitación y me deja sobre la cama.
Lo tengo sobre mí, besándome apasionadamente y con su mano en mi vientre. En este momento no puedo pensar en nada más que no sea su contacto.
Le toco el pelo, no puedo apartar mis manos de él.
Me quita los pantalones y los tira al suelo, después se deshace de mi camiseta. Acto seguido se quita la suya y es todo un espectáculo, tiene un cuerpo fascinante, con unos abdominales definidos pero no muy marcados.
Mi respiración es costosa, pero no me importa.
De repente mientras me besa por todas partes y cierro los ojos, una sensación de terror se apodera de mí. Siento como si fuese David quién me toca. Sé que no lo es, pero recuerdo como sus manos me aprisionaban.
Le doy un empujón a Alexander. Él me mira sin comprender e intenta acercarse a mí de nuevo.

-No, por favor – mi voz es suplicante y suave, apenas audible.

-Blake, ¿Qué pasa? – está quieto.

-No, no puedo…. No es por ti…

Se queda callado y por su mirada, por primera vez expresiva, creo que sabe lo que pasa.
Se sienta al borde de la cama, lleva solo los pantalones desabrochados. Yo me hago un ovillo y lo observo.
Posa los antebrazos en sus rodillas y se lleva las manos a la cara.
Me acerco y le toco la espalda. Eso le sorprende y me mira.

-Lo siento, no debería haberme dejado llevar – se levanta y me mira preocupado.

Yo también me levanto y me pongo  a su altura.
Me compadezco de él. Le cojo la cara con una mano y él busca mi caricia con su mejilla. Su barba me hace cosquillas en la palma, me acerco más a él.

-No te preocupes, esto ha sido cosa de los dos, soy yo la que tenía que haber visto que no estoy preparada – le digo con cariño.

 Me coge la mano que hasta hace poco estaba en su cara y entrelaza sus dedos con los míos.

-De todas formas lo siento, no quiero que hagas algo con lo que te sientas incómoda –dice.

 Yo lo miro y me entra la risa, él me mira perplejo y entre risas le digo:

-¿Y lo de perseguirme por la calle y traerme a tu casa sin permiso? ¿Eso que era? – intento ponerme un poco más seria pero la risa no se me va.

Él mueve la cabeza intentado negarse a reír y dice:

-¿Acaso el beso de hace un rato te lo he robado? Lo deseas tanto o más que yo – esboza una sonrisa divertida.

Me muerdo el labio, lo sabe y lo sé. No me ha obligado a nada.
Tiro de sus pantalones hacia mí y le beso la clavícula. Sé que él no es David y estoy dispuesta a seguir con lo que estábamos haciendo.
Le bajo la cremallera y él me detiene.

-¿Estás segura? – me pregunta con la pasión impresa en sus ojos negros.

-Más que nunca – respondo.

Me besa o más bien me devora la boca, yo jadeo, no puedo hacer otra cosa.
Me ayuda a quitarle los pantalones y los calzoncillos negros. Me quedo paralizada, que bien dotado está y por lo visto se alegra mucho de que haya decidido continuar.
Lo miro a los ojos y él levanta una ceja dibujando una media sonrisa en su cara al mismo tiempo. Sabe que lo que veo me gusta.
Me pongo de rodillas y él se sienta en la cama. Introduzco su pene en mi boca, es suave y muy grande, además de cálido.
Le masajeo el culo a la vez que él sale y entra de mi boca. Al instante se detiene, me agarra por los hombros y me pone en pie.
Me besa mientras me quita las bragas azul claro de un solo movimiento. Me coge por el culo mientras me besa el cuello y me deposita en la cama.

-Ahora, lo haremos normal, pero cuando te encuentres mejor, te voy a enseñar como hago yo las cosas – me dice con voz ronca.

Mi respiración se corta, ahora no puedo pensar en nada que no sea él, sus besos, su cuerpo.
Se tumba encima de mí y le araño la espalda. Coge un preservativo y se lo coloca, me mira y sonríe, yo no parpadeo.

-La próxima vez lo harás tú con la boca.

Eso me excita.
Se introduce en mí con un golpe seco, sin darme tiempo a reaccionar o coger aire. Yo muevo la pelvis hacia arriba, necesito sentirlo más adentro, quiero quitarme cualquier sensación que haya dejado David, quiero sentir que él único que me ha tocado ha sido Alexander.
Me coge las manos y las coloca por encima de mi cabeza mientras que jadea me dice:

-Agárrate al cabecero.

Yo lo hago sin dudar.
Él continúa saliendo y entrando. Lentamente me recorre el cuerpo con las manos y la boca, me desabrocha el sujetador justo cuando voy a decir que pare, aumenta el ritmo de sus embestidas y yo grito y jadeo, no puedo hablar y mucho menos pensar.
Sube las copas del sujetador y libera mis pechos. Los agarra y succiona cada pezón con su boca.
Siento que cada vez sus embestidas son más rápidas y yo no aguanto más.
Me coge por la cintura con las dos manos y se aprieta más a mí.
Llego al mayor orgasmo que he tenido jamás. No puedo respirar y no dejo de jadear. La cabeza me da vueltas.
Él sigue moviéndose como si le fuera la vida en ello y en menos de diez segundos se deja llevar. Jadea muy fuerte y cae sobre mí.
Con nuestros pechos subiendo y bajando muy rápido, él me abraza estrechándome dulcemente en sus brazos. Siento sus bíceps apretándome, es muy fuerte.
Sale de mí sin decir nada, se levanta y va hacia el baño cerrando la puerta tras él.



No hay comentarios:

Publicar un comentario