¿Qué tal lectores? Espero que hayáis leído mucho esta semana ;)
Cada Jueves nos gustaría publicar un capítulo de nuestro libro: 'Perdida'.
Mañana Jueves no podremos publicarlo, así que lo adelantamos a hoy.
Aquí tenéis el segundo capítulo, es un poco más corto que el uno, pero esperemos disfrutéis y comentéis aquí en el blog o bien en nuestro twitter: @perdidaenloslibros
Besos.
Salta, y
deja que te crezcan alas en el camino hacia abajo.
2
Ya no recordaba lo que era
madrugar.
¡Buenos días Nueva York!
Hoy es mi primer día de
trabajo y quiero llegar un poco antes.
No he visto a Betta desde
ayer, así que no sé cómo fue su cita… me quito eso de la cabeza y me voy a mi
enorme vestidor.
Mi gran pasión es la moda,
es en lo único que me gasto parte de mi pequeña fortuna.
Al final me decanto por un
vestido ajustado hasta la cintura, con print floral y unas cuñas rosa a conjunto.
Suelto mi pelo castaño recién lavado y lo seco un poco, lista para mi primer
día.
Cojo el Ipad y me dirijo a
la cocina.
Como imaginaba, Betta no
está y no me preocupo, es típico en ella y además su mensaje decía: ‘’no me
esperes despierta ;) ‘’
De camino a las oficinas
de VOGUE me doy cuenta de lo nerviosa que estoy.
Cuando entro, voy a
recepción y me indican donde ir.
Mi planta es la más alta
del edificio, la 48.
Mi mañana transcurre entre
saludos, indicaciones y más saludos, el ambiente es muy agradable.
Es la hora de comer, así
que saldré a una cafetería que he visto esta mañana en frente.
Cojo mi bolso y antes de
que haya salido, Betta está apoyada en el marco de mi puerta con una enorme
sonrisa.
-Vaya, vaya…la chica
perdida ¿Qué tal tu cita? – digo levantando una ceja con una sonrisa.
Ella se ríe y contesta:
-En verdad no era una
cita, es solo para pasar el rato, pero si fuese a más no me importaría –
resopla.
Me quedo boquiabierta.
-Venga, te invito a
almorzar y me cuentas.
Salimos a la cafetería y
nos tomamos algo, pero como a mí me ruge el estomago, vamos a un restaurante
hindú que hay cerca. La comida es fantástica y me cuenta sin omitir detalles
como es el señor Alexander Kors en casi todos los ámbitos. Yo callo y escucho
hasta que termina.
-Yo ya lo conocía – le
digo.
Me mira con cara rara y yo
me río.
-Me choqué con él este sábado pasado – doy un sorbo a mi
Nestea.
-No me lo habías contado.
-No nos hemos visto mucho
desde entonces Betta.
Ella se ríe y dice:
-Tienes razón.
Pasada la hora y media del
almuerzo, volvemos a la oficina. Ella se queda dos plantas más abajo y yo sigo
mi camino hasta la planta 48.
Entro en mi despacho y
cierro la puerta a mis espaldas apoyándome en ella, no sé si me encuentro mal por
la comida o por lo que me ha contado de ese hombre. Aunque parece que está
claro que es por la segunda opción.
Miro alrededor los grandes
ventanales de cristal que van de techo a suelo, una vista inmejorable de la
ciudad. Estas ventanas además dan al edificio de en frente, peligrosamente
cerca, pienso.
Me quedo observando y lo
que veo me deja sin respiración.
Es un despacho enorme,
diría que ocupa parte de esa planta. Se abre la puerta de este y entra un
hombre, tira la americana color azul noche al sofá y se desabrocha los puños de
la camisa y los botones del cuello. No lleva corbata y se le ve acalorado.
Me fijo bien y como no,
por si fuera poco ¡es él!
Alexander Kors.
No me lo puedo creer, sale
un segundo de mi mente para materializarse en el edificio de al lado.
Madre mía, que calor me
entra por el cuerpo cuando veo que se acerca a la ventada que está justo en
frente y me observa.
Doy un respingo y descubro
que estoy totalmente pegada al ventanal y con las manos apoyadas a cada lado de
mi cuerpo sobre el cristal.
Me quiero morir, que
vergüenza.
Me recompongo enseguida y
me siento en mi silla dándole la espalda, no me atrevo a mirar hacia atrás, no sé
si seguirá mirando.
Intento concentrarme las
horas que me quedan de trabajo y lo consigo a medias.
Cuando recojo mi mesa y me
voy a marchar, me permito una miradita hacía el ventanal, pero ya no hay nadie
en el otro despacho, creo que siento decepción y no lo entiendo.
Será mejor que me vaya.
El segundo y tercer día de
trabajo transcurren normales y sin saber nada del señor Kors.
Cuando llego a mi
apartamento el miércoles descubro que soy más despistada de lo que pensaba, me
he dejado las llaves en el despacho. Me maldigo en silencio.
Toco y toco pero Betta no
está ¿ahora qué hago?
Estoy a punto de sacar mi
móvil para llamarla cuando la puerta del apartamento contiguo se abre y aparece
un hombre impresionante.
Es fuerte, alto – no tanto
como Alexander, del cual parece que empiezo a tener obsesión – pero su metro
ochenta no se lo quita nadie. Tiene el pelo entre castaño oscuro y bronce, ojos
verdosos y muy rasurado, aparte de una sonrisa que quita el hipo.
-Hola – dice.
Respondo igualmente, con
un tímido ‘hola’.
-¿No entras?
-Aún no lo sé, no tengo
las llaves – que vergüenza por dios.
Me mira y vaya ojos
expresivos que tiene
-¿Vives con Betta verdad?
–Asiento – no te preocupes, a ver si puedo hacer algo- me dice con una sonrisa
y entra en su casa, dejando la bolsa de deporte a que llevaba a un lado.
Me asomo a la puerta,
curiosa. El apartamento se parece bastante al mío.
Cuando sale me dice:
-Llevas poco tiempo aquí,
¿no?
-Sí, soy Blake Solfman,
encantada.
-Yo David Millers,
encantado - ¡que sonrisa tiene!
Miro su bolsa de deporte.
-Lo siento, no quería
hacerte perder el tiempo, ibas a salir- me disculpo.
-No te preocupes, siempre
hay tiempo para ir al gimnasio, pero ¿hacer que una chica guapa entre en su
casa? Eso no pasa todos los días.
Me río como una tonta,
mientras el abre la puerta con una especie de alambre grueso.
¡Si lo llego a saber, me olvido las llaves antes!
que buena noticia el poder leerlo hoy, me gusta mucho pero quiero mas es como un coito interruptus jijiji eso si no se porque a mi esto de tener vecinos o compañeros así no me pasa eh a donde me tengo que trasladar
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