¡HOLA!
Llegó el día.
Hoy compartiremos con vosotros el primer capítulo de 'Perdida'.
Estamos muy emocionadas y esperamos con ansia vuestros comentarios. Poco a poco iremos publicando más capítulos.
Esperemos que os gustes, besos.
El futuro vendrá para
aquellos que creen en la belleza de sus sueños.
1
-‘’Se les
comunica a los señores pasajeros con destino a Nueva York que el avión saldrá
en una hora.’ ’
- Uff… - pienso, por los pelos.
Un poco más tarde y lo
pierdo. Menos mal que mi querida amiga Sofy es lo suficientemente responsable
como para espabilarme.
Aún voy dormida y bastante
nerviosa. Es la primera vez que viajo sola en avión y a un sitio totalmente
desconocido para mí.
Desde que vivo en
Brighton, Inglaterra, no he viajado mucho y no por falta de dinero, sino por
otro tipo de problemas: Familia. ¡No! Digo para mí, ahora no puedo pensar en
eso, me voy a vivir mi vida, una nueva vida con mi mejor amiga a... ¡Nueva York!
Aún no lo creo, pero así
es, voy a por un futuro inesperado que me sorprenda para bien, por favor.
Me despido de mi amiga
Sofy con un gran abrazo y alguna que otra lagrimita, me ha ayudado tanto que la
voy a echar mucho de menos.
Le digo que nos veremos
pronto y con su vocecita de pitufa que tanto me gusta, me dice que por supuesto
vendrá a verme, pues sabe que yo por Brighton no voy a aparecer en mucho
tiempo.
Me voy ya, estoy
preparada. Vamos, Nueva York me espera. Me animo en voz baja.
Me revisan el pasaporte y
me preparo para recorrer el pasillo estrecho que me lleva al avión.
Me siento en el asiento
número 28. Estoy nerviosa pero intento disimular, no quiero que piensen que con
la edad que tengo es la primera vez que viajo en avión.
El viaje se me va a hacer
eterno.
A mi lado se sienta una
pareja de ancianos, me dan ternura, se ve que se adoran ¡que envidia!
Como soy habladora me
presento:
-Hola, Soy Blake.
Me contestan en
alemán. Vaya, a mí que no me saquen del
inglés.
Me coloco los cascos de mi
Ipod y me queda dormida.
Para cuando me despierto
ya estamos en Nueva York.
Me asomo por la ventana y
me sorprendo al ver como una ciudad tan grande puede parecer tan pequeña desde
estas alturas. Tengo miedo, creo que me voy a perder entre sus calles, pero
menos mal que en el J.F.K me espera mi amiga, a la que tanto he extrañado y por
la que estoy aquí, Betta. La adoro y ella a mí.
-Señores pasajeros
abróchense los cinturones, se les comunica que en unos minutos aterrizaremos en
el aeropuerto internacional J.F.K de Nueva York.
Que nervios más tontos que
tengo.
Cuando bajo del avión no
sé a dónde mirar, hay muchísima gente. Me paro en la cinta por donde salen las
maletas y me rio. Me recuerda a tantas películas que he visto, pero me viene
una a la cabeza: Solo En Casa. Uff mal rollo.
Cojo mi maleta a toda
prisa y me paro. ¿Ahora qué?
Llamo a mi amiga, suena
dos veces y contesta:
-¿Dónde estás? – dice con
voz cantarina.
Yo respondo:
-En el aeropuerto ¿y tú? –
río.
-En la entrada principal,
sal, me verás rápido.
Vale, voy a ver si la
encuentro. Salgo a toda prisa e intento esquivar a todos los que se cruzan en
mi camino hasta que llego a la entrada y allí esta mi querida amiga Betta.
Abandono la maleta y las
dos echamos a correr hasta abrazarnos, no me lo puedo creer, estoy en Nueva
York y con mi mejor amiga.
--- --- ---
Esta primera semana en
Nueva York ha sido fascinante. No hay nada como el Upper East Side.
Decido empezar a mandar CV
y poder encontrar un buen trabajo rápido, no me puedo quedar de brazos
cruzados.
Betta trabaja en VOGUE y
yo deseo que pueda conseguirme un puesto como editora.
Sentada junto a la barra de la enorme cocina, me suena
el móvil, es ella.
-¿Blake? A que no sabes lo
que he conseguido yo, la mejor amiga del mundo, ¿eh?
-No lo sé, pero espero que
sea lo que estoy pensando – por favor que sea el puesto.
-¡Eres la nueva editora de
VOGUE!
Lo que hacen los enchufes
y un movimiento de caderas de la señorita Bethany Evans no lo hace nadie.
¿Quién se podría resistir a una rubia de casi metro ochenta, ojos verdes y
bronceado perfecto? Evito preguntarme como lo ha conseguido, disfruto de la
noticia.
-¿Qué te parece si lo celebramos esta noche? – su voz
me saca de mis pensamientos.
-¡Por supuesto! Sabes que
yo no diría no a una fiesta.
Listas para salir y
enfundadas en unos gloriosos vestidos de diseño, nos disponemos a salir a la
noche Neoyorkina.
Acabamos en uno de los
locales de moda. ¿Cómo entramos? Tampoco me quiero preguntar como lo ha
conseguido mi amiga.
El pub es amplio, de dos
plantas y decorado cuidadosamente en tonos rojos.
Nos dirigimos a la barra
donde empiezo a aburrirme debido a que Betta habla alegremente con un hombre al
que acaba de conocer.
Me dispongo a ir al baño a
retocarme cuando tropiezo con alguien. Y vaya alguien…
Es el hombre más guapo y
atractivo que he visto en mi vida.
-Lo siento – dice.
Solo con esas palabras y esa voz ya habría
sido suya, pero lo encuentro mirando detrás de mí, a Betta. Demasiado guapo
para ser cierto, pienso y más desconcertada que en toda mi vida, retomo mi
decisión de ir al baño y despejarme un poco.
Me miro al espejo. Estoy
un poco acalorada, hay demasiada gente, pero me sorprendo al ver que me
favorece ese pequeño toque de rubor en la cara. El pelo lo llevo o lo
‘’llevaba’’ en tirabuzones aunque no está tan mal ahora, el rímel un poco
corrido lo limpio con una toallita, así resaltare más el color avellana oscuro
de mis ojos.
Cuando voy a salir entran
dos repipis muy arregladas de más para mi gusto y comienzan a hablar de alguien
a quien conozco.
-¿Has visto a la rubia de
la barra? – dice la repipi morena.
-Sí, ¿Cómo puede ir con
ese descaro, teniendo al que quiera? – contesta la repipi número 2.
Pero que envidiosa que es
la gente. Paso por delante de ellas y me observan de arriba abajo y cuando
estoy para salir, me contoneo y les digo:
-¿Os gusta lo que veis?
Me entra la risa y salgo
corriendo del baño. Creo que los Gin Tonic me están afectando, pero Betta aún
sigue hablando con el moreno cachas y yo aburrida decido pedir otro cubata y
salir a la pista de baile.
La noche se pasa volando,
creo que no he bailado más en toda mi vida.
A la mañana siguiente
estoy como si me hubiese pasado un camión o mejor dicho un tren por encima.
Que dolor de cabeza, de
pies y en definitiva de todo.
Me desperezo en la cama y
a regañadientes me levanto como puedo, como no me obligue a mí misma, soy capaz
de pasarme así todo el día.
Me pongo una camiseta
ancha, de esas de propaganda, no es el mejor pijama pero sí el más cómodo.
Cuando llego a la cocina
veo a Betta muy arreglada. ¡Pero si es domingo!
Me mira y me dice con una
sonrisa:
-¿Qué tal la nueva
editora?
Es verdad, soy la nueva
editora de VOGUE. Me entra la risa y empezamos a hablar de cómo será mí día a
día.
Estoy deseando que sea
lunes.
Betta va a ir con el chico
que conoció ayer en el pub, que sonrisita de tonta tiene.
-Se llama Christopher, es
entrenador personal – me dice.
-Vaya, la verdad estaba
bastante cachas, ¿es simpático?
-A mi me gustó y además,
viene a buscarme en su jaguar – lo último lo dice gritando, creo que me ha
perforado un tímpano.
Me alegro por ella, con su
última relación no le fue muy bien.
Tocan al timbre y sale
disparada, coge su bolso de un tamaño considerable y mandándome un beso sale
por la puerta.
Decido aprovechar la
mañana del domingo para ordenar un par de cajas que me quedan de la mudanza,
parece que no se acabará nunca.
Encuentro recuerdos que no
se si quiero conservar, pero aún así los empaqueto de nuevo y los dejo
guardados en el fondo del vestidor.
Algún día sabré que hacer
con ellos.
Por la tarde, para no
pensar en nada, me enfundo el chándal y salgo a correr, ver pasar a gente y el
aire –no muy fresco, pero aire al fin y al cabo- me distraerán.
Voy a dar una vuelta por
el sitio donde mañana empezaré a trabajar, este se encuentra a más de una hora
y media corriendo de donde vivo, tendré que coger taxi.
La sede de VOGUE USA se
encuentra en el edificio Condé Nast, en Time Square. Todo es de cristales y es
bastante alto, majestuoso como lo que guarda en su interior.
Me paro un poco más atrás
de la acera para tomar una foto con mi Smartphone, cuando de repente alguien
tira de mí y me hago daño en el pie, auuh.
Estoy en los brazos de un hombre
y no doy crédito a lo que veo, es moreno, altísimo, ojos oscuros, barba
incipiente y traje gris oscuro con corbata negra.
Me mira… me mira… me
escanea con la mirada y de repente me suelta:
-¿Estás bien? – este
pedazo de hombre me está hablando y yo con la boca abierta.
Observo que lleva maletín,
¿trabajará por aquí?
-Sí, bueno, un poco
dolorida del pie, pero se me pasará – esbozo una sonrisa tímida, estoy muy
nerviosa y poco acostumbrada a hablar con hombres, la verdad.
-Ten más cuidado, Nueva
York es peligroso si te paras en mitad de la calle.
Madre mía, estoy
alucinando y yo con estas pintas.
-Em, lo siento, tengo
prisa, cuídate el pie – esboza una sonrisa tímida que hace que me olvide hasta
de mi nombre.
No me sale ni una palabra.
-Gracias – consigo soltar.
Miro hacia abajo,
avergonzada y para cuando vuelvo la vista al frente, él ha desaparecido.
Pero bueno, ¿Qué hacía en
traje en domingo? Parece que aquí la gente no descansa.
Vuelvo a recordar su
fabuloso rostro y espera, una cara así no se olvida, ¡es el hombre de ayer! Qué
pequeño es el mundo.
Salgo de mi ensueño, me lo
recuerda mi pie dolorido y el dolor de cabeza de esta mañana que ha vuelto,
será mejor que regrese a casa y descanse un rato.
Al llegar Betta ya está de
vuelta. Es casi de noche.
-Hola, pensé que pasarías
todo el día fuera y parte de la noche – sonrío.
-Se me olvidó decirte que
hoy tengo otra cita, un pez gordo, Alexander Kors – levanta una ceja y se le
corta la respiración nada más que decirlo.
Betta, puf, que suerte
tiene, podía estar con el hombre que quisiera con solo chasquear los dedos. Yo…
bueno, yo con mi 1’70 de altura y mi no cuerpo de modelo, sino con curvas, si
salgo con ella no tengo mucho que hacer. Ella sí parece modelo de Victoria’s
Secret. Pero que se le va a hacer, yo no pienso en eso, solo en que ahora en
adelante conseguiré lo que me proponga.
-¿Sales con dos tíos a la
vez? – mi voz suena irónica.
-Sí, ¿por qué no?
Christopher para pasar el rato, pero Alexander… uf, no hay quien se resista a
él, además como le sientan los trajes…
Que me lo digan a mí, digo
para mí misma.
Betta se apoya en la
encimera mirando al infinito.
En ese momento tocan al
timbre.
-¿Puedes abrir, Blake?
Todavía no he acabado.
Me dirijo a la puerta y
digo al portero que si es el señor Kors puede pasar.
Abro la puerta y espero.
Mi cara es un jeroglífico, no puede ser, ¡es el hombre-adonis del pub y de esta
tarde! No lo puedo creer.
Tiene el mismo aspecto de
hace unas horas, impecable, seductor y arrebatadoramente guapo.
Viste el mismo traje, pero
mantiene la chaqueta en el brazo. Pienso que a nadie le sienta tan bien un
traje como a este hombre.
-¿Otra vez usted? – me
mira con sus profundos ojos y una sonrisa que no deja mucho que ver.
Al ver que no respondo,
dice:
-¿Esta Betta?
-Oh, si si, en seguida
viene, yo soy Blake, Blake Solfman, su amiga y compañera de piso, encantada. –
joder, ¿Qué hago yo ahora? Que corte.
-Alexander Kors – alza su
mano hacía a mí, estrechándola firmemente, su contacto es suave y no quiero
soltarla –igualmente señorita Solfman.
Mi respiración es
acelerada y mis pensamientos van y vienen. Tengo el pelo horrible y encima
estoy descalza, por no hablar de mi cara resacosa.
Pero nada de esto importa,
porque cuando aparece Betta a mis espaldas, el corta toda visión conmigo y sin
una palabra más salen por la puerta, dejándome muda en el recibidor.
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